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Agua, agua, agua, agua, ahora mismo podría decirse que ese es mi pensamiento más presente. Bueno, ese y el saber que hay una persona en esta sala que no debería estar aquí.
El karma debe ser una puta, porque cómo le gusta tocarme los cojones ─mis imaginarios cojones, obviamente─.
Era una mala idea escribir una historia erótica desde el primer momento, sin embargo, no pensé que a ese hecho se acarrearían más desgracias. Suelo tener buena suerte o al menos una neutra, no le hago nada a nadie para que la vida no me la venga a cobrar más tarde. Por eso que este tipo de problemáticas se me presenten es inconcebible.
─A ver, a ver, a ver ─pido con el vaso de agua lejos de mí. Creo que nunca me había ahogado como hace unos segundos─. ¡¿Qué carajos hace este gigoló aquí?!
Le lanzo una mirada furiosa a Freddy ─que está a mi derecha─. Todos se juntaron a mi alrededor cuando casi me muero y el prostituto de la anaconda sacaorgasmos me salvó de morir asfixiada con las donas que su primo compró para esta reunión.
─No soy un gigoló ─ataca Pablo.
─Ya claro ─respondo tanto sarcasmo que ahora mismo Chandler Bing debe estar orgulloso de mí.
─Realmente no lo soy.
─¿Y entonces por qué te acostarte conmigo? ¡Un maldito puto es aquel que se folla a mujeres por dinero!
Doy un puñetazo sobre la mesa que solo consigue que el agua del vaso salte hasta manchar una costosa carpeta.
Pablo me ve desde su posición frente a mí, con sus brazos cruzados a la altura de su pecho. Hay que tener muy poca moral y muchas ganas de joderme la vida como para presentarse aquí.
─Morena...
─Olivia, me llamo Olivia Castro.
─Eso, Olivia, no soy un, y cito textualmente, maldito puto porque jamás te cobré un solo céntimo por acostarme contigo.
Esto ya raya con la falta al respeto y la integridad moral de una persona.
Si sigue sentado en la silla que hay frente a mí no garantizo que salga con sus dos ojos. Dios, ¡¿pero por qué me tiene que pasar esto a mí si yo lo único que quiero es escribir sin hacer una escena de sexo?!
Odio, odio el maldito sexo con toda mi alma, creo que nunca he aborrecido tanto algo como esto. Es que es tan irritante que no encuentro una palabra dentro de mi vocabulario para describirlo. Con gilipollas creo que abarco bastante, aunque no se aproxima siquiera a lo que siento.
─¡Le cobraste a la editorial! ¡Freddy puede dar fe de eso, eres su primo!
Puedo ver como ambos chicos intercambian miradas, unas que no logro descifrar con la primera ojeada.
─Déjame explicarte esto, morena.
─Olivia.
─Soy filólogo de profesión, tengo libros de arte publicados y me gano la vida gracias a mi sección de cultura en el periódico La Vanguardia ─comienza a declarar, ignorando por completo mi cabreo monumental─, Freddy es mi primo, eso es cierto, pero nadie me pagó nada por acostarme contigo. Créeme que no hago esa clase de trabajos.
─¿Y tú esperas que crea eso que dices? ─pregunto pletórica en indignación.
─Es la verdad, Liv ─susurra Freddy en mi oreja─, Pablo no se dedica a la prostitución.
Ok, me ha palpitado la cabeza, la sien, la vena del cuello, la garganta y creo que hasta la vagina ha hecho acto de presencia en mi cuerpo ahora mismo. Freddy no suele mentir, es un imbécil, pero no un mentiroso y si me dice que su primo no es un gigoló es porque realmente no lo es. Eso ─lejos de ayudarme─ me pone en una situación más difícil. Ahora no sé quién se fue a la cama conmigo.
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Concupiscencia
Literatura FemininaSi me vas a provocar, que sea con la perversa intención de complacerme. Olivia Castro, sabe que odia el sexo más que a nada en el mundo; le da tanto asco que con solo pensarlo su estómago se revuelve. Sin embargo, para alguien que vive de la litera...
