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Para solo faltar dos días para final de año, tengo que reconocer que casi no hace frío para esta región del país. Me imaginé tener que bajarme del auto con cinco abrigo y guantes, pero la verdad que el casi tengo que quitarme la sudadera porque estaba empapada. No pensé que Macbeth fuera a mover sus hilos tan rápido para conseguir todo listo en este pueblo y mucho menos me imaginé que mis lectores fueran capaces de desear verme el penúltimo día del año —o sea mañana— para que les comunicara la fecha de publicación y develara la portada.
Generalmente estas cosas se hacen mediante las redes sociales, pero visto que Con M de mojada fue un éxito rotundo, mi jefe se la quiere gastar ahora con la segunda parte. No puedo negar que me aterra el hecho de que puede que este libro no sea igual de bueno que el anterior, por ahí se comenta que segundas partes nunca fueron buenas y la verdad es que pocos libros tiene una continuación atractiva. No he querido atormentarme con eso, una cosa a la vez.
No era esta la fecha que teníamos escogida, Macbeth insistió en cambiarla luego del ataque de pánico que tuvo Pablo en el ascensor de la editorial. Todavía pienso en lo que pasó hace tres días y me erizo completa. Según supe después, cuando Pablo era un niño, se quedó solo atrapado en un ático en casa de sus abuelos paternos. Desde aquel día, quedó traumado con los espacios pequeños y oscuros, los suele tolerar cuando tiene la seguridad de que pronto saldrá de ellos, ese no fue el caso aquel día. La planta de la editorial se demoró en arrancar más de lo que correspondía y los paramédicos llegaron porque alguien sintió mis ritos de ayuda. Por suerte no hizo falta ir al hospital.
Pablo me agradeció por lo que hice por él y le dije que ya estábamos a mano. Me sonrió e intentó insinuar que preferiría que yo lo acompañara a su casa, con cortesía me negué. Prefiero mantener las cosas a la distancia porque todavía me cuesta entender bastante del que yo pensaba, era mi ángel de la guarda.
Esta mañana se le ocurrió que podríamos venir juntos y me negué rotundamente. Vive oyendo a los Backstreet Boys —mis crushes de la infancia— a todo volumen y cantando como una adolescente. Quizás sea hora de que haga todas esas cosas que me fueron privadas en la infancia, esos pequeños placeres que a cualquiera le parecerían normales a mí no y deseo vivir cada instante como si fuera el último. Quién sabe si un día no me anime y me vaya a un karaoke en un bar de la ciudad y de un espectáculo vergonzoso.
Por fortuna, esta vez no me tendré que quedar en el mismo hotel de la otra vez. Sería mucho por parte de mi jefe. Rentó una especie de posada literaria para todos los que estaremos representando a la editorial Flowers. Digo una posada literaria porque vi fotos de la casa y tiene una biblioteca como la sueña todo lector. ¡De más está decir que voy a pasar los dos días que estaré completamente ahí! Nada más llegue y me acomode la buscaré. Sé que estoy en la segunda planta con Freddy y los diseñadores. Me preocupa que Pablo pueda estar ahí también, es capaz de intentarse meter en mi cama y no lo pienso permitir.
Tomo la mochila fucsia que decidí usar para traer mis cosas. No empaqué tanto: Mi laptop, mis audífonos, algunas mudas de ropa —entre ellas las del evento— y los cargadores de los respectivos equipos eléctricos. Iba a echar algún libro, pero no lo vi inteligente aquí habrá millones más. Estoy un poco nerviosa por ver la portada ya que nadie me pidió opiniones de lo que hacían los diseñadores, sé que son ellos los que saben, pero nadie conoce mi historia mejor que yo y puedo dar fe cuando una cosa se va o no con la trama. Espero que no me decepcionen.
El sitio tiene un estilo retro que me encanta y la fachada es de piedra y madera. Si tiene una fogata dentro, consideraré mudarme. Seré una básica, pero ¡Dios! Esto es el paraíso de todo lector. Tengo el presentimiento de que este sitio me ayudará a salir del terrible bloqueo de escritora que tengo. No he podido iniciar ni un solo proyecto que valga la pena, de hecho, todos la dan. Eso me tiene preocupada porque quiero ser mucho más productiva con Dante de lo que lo fui con Macbeth.
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Concupiscencia
Romanzi rosa / ChickLitSi me vas a provocar, que sea con la perversa intención de complacerme. Olivia Castro, sabe que odia el sexo más que a nada en el mundo; le da tanto asco que con solo pensarlo su estómago se revuelve. Sin embargo, para alguien que vive de la litera...
