Presentación en sociedad.

286 43 10
                                        

-T/N Hargreeves.-

¿Vestido amarillo, o celeste?¿Collar, o aretes? Decidir ese tipo de cosas me parece una completa estupidez ahora, pero Dorothea insiste en esas cosas por qué el baile es esta noche y aún no eh elegido nada.

Apenas llevamos unos dos días aquí y, aunque admito que podría ser peor, sigue siendo malo o mejor dicho, diferente.

—Es hora señorita Hargreeves.— Dice Dorothea.— Ya debe irse, su padre y el señor Smith la esperan.—

Yo suspiro y salgo de mi habitación, cuándo pasó junto a ella toma mi brazo y me frena.

—¿Qué es eso?— Dice señalando una marca en mi brazo.— Parece una quemadura, ¿Qué estabas haciendo?—

Miré con atención la marca en la parte interna de mi muñeca.

—No sé cuándo apareció.. Es la primera vez que la veo..— Le respondo yo.—

(...)

—Cuando creí que yo era el más ridículo aquí, apareces tú y me demuestras que todo es posible.— Dice Dominic viéndome de arriba a abajo.—

—Tu traje es de cola, y llevas guantes, tú también eres ridículo.— Le respondo yo.—

—Si, pero tú lo eres más.—

—Ambos son ridículos.— Dice papá.— Mejor dicho, los tres, estos trajes de época nos hacen ver ridículos.—

—No, de echo, creo que tú ya lo eras desde antes..— Le dice Dominic, recibiendo una mala mirada de parte de papá, lo cuál lo hace reír, y luego voltea a verme.— ¿Quieres bailar?—

—¿Disculpa?—

Él se acerca a mí, hasta quedar frente a frente.— ¿No has visto a tu alrededor?— Pregunta él.— Todos llevan viéndonos toda la noche, es lo que están esperando.—

—¿Y desde cuándo tú complaces a las personas de tu alrededor? Hasta dónde tenía entendido, solo fastidiabas.—

—Bueno, veo que ambos tendremos que sacroficarnos para complacer a nuestro aclamado público.— Dice extendiendo su mano.—

Yo ruedo los ojos y tomo su mano con mala gana. Papá nos ve confundido y con el ceño fruncido mientras Dominic y yo nos dirigimos la centro de la pista, la multitud se abre y todos aquellos que no estaban bailando a nuestro alrededor se nos quedan viendo fijamente.

—Son cuatro pasos, ¿Estás a la altura de la tarea?— Pregunta él.—

—Mientras no me pises los pies.— Digo poniendo una de mis manos en su hombro, mientras tomo la suya con la otra.—

—Eres chistosa.— Dice él, y acerca su mano libre a mi cintura.—¿Puedo, señorita Hargreeves?—

Yo ruedo los ojos, pero tengo una media sonrisa en mi rostro.— Adelante, señor Smith.—

Finalmente el pone su mano sobre mi cintura y comenzamos a bailar al igual que los demás a nuestro al rededor.

Luego de un par de minutos, que pasan entre miradas algo cursis y graciosas, entre nuestros pasos entorpecidos, la canción se termina, y decidimos volver hacia donde estábamos antes.

—Eres un torpe bailando.— Río yo.—

—¡Tú te confundiste dos veces!— Me reclama él.—

—¿No sabes decir nada bueno, Dominic?— Pregunta papá con algo de ironía.—

—¿Qué se supone que diga?—

La profecía.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora