El número uno.

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-Emily Hargreeves.-

No saben cuánto agradezco que Dominic haya llegado en aquél momento. A pesar de ser un maldito fastidioso la mayor parte de el tiempo, no voy a negar que anoche apareció cómo un ángel caído del cielo, por qué de verdad lo necesitaba.

En cuánto al resto de la noche.. Nos fuimos inmediatamente de aquella fiesta. Lo primero que hice al llegar a mi habitación fué quitarme ese molesto vestido, cómo si él hubiese tenido la culpa de todo y me metí dentro de la cama. Luego de ello papá llegó a consolarme, ya que realmente estaba asustada por lo que había ocurrido, y se quedó conmigo en la noche, por qué a decir verdad, no quería estar sola.

No eh visto a Dominic desde anoche, papá se fué hace como una media hora, y ya es hora de que salga de mi habitación.

Me pongo otro de esos estúpidos vestidos, y me hago aquél peinado medio recogido que Dorothea me había enseñado, se enoja si no lo llevo.

Bajo las escaleras, paso por la sala, y cómo de costumbre, no hay nadie. Esta casa es demasiado grande para sólo tres personas, casi siempre está en silencio. Me hace extrañar oír a Jackson quejándose por que pierde en sus juegos preferidos, o a mamá escuchando música por las mañanas mientras prepara el desayuno.

Finalmente, encuentro a Dominic y a papá sentados en la sala. Papá sentado en un sofá grande con un feo estampado de flores, mientras leía el periódico. Dominic estaba en un sofá individual, a un lado de papá.

Papá es el primero en verme, al levantar la vista sobre el periódico.

—Buenos días, cielo.— Me dice él, doblando el periódico para dejarlo de lado.—

Dominic también levanta la vista para verme llegar.

—Hola.— Me saluda él.—

Yo les doy una media sonrisa. —Hola, buenos días.—

—¿Cómo.. estás?— Pregunta Dominic, tratando de ser discreto.—

—Mejor, creo..— Respondí yo torciendo los labios.—

—Ya no tendrás que preocuparte por ese hombre.— Dice papá.—

—¿Por qué?— Pregunté sentándome a su lado.—

—Murió por causas naturales..— Me responde Dominic.—

Papá suelta una risita burlona y lo voltea a ver.— Lo tiraste del techo.—

—Oye, la gravedad es natural..— También río.—

—¿Qué hicieron qué?— Les pregunté, viéndolos con una ceja arqueada.—

Dominic se acomoda en su asiento, pone sus codos sobre sus piernas y se inclina hacia adelante para verme mejor. — Lo matamos, está muerto, ¿Si puedes comprender eso, no?—

Yo ruedo los ojos y lo veo de forma obvia. —Si, gracias, tu aclaración me sirvió de mucho.— Le respondo sarcásticamente.—

—¿Qué es lo que tienes en la muñeca?— Preguntó papá tomando mi brazo.—

—¿Qué?— Pregunto viendo el brazo que él tomó.— No sé que es..—

Había un número uno dibujado en mi muñeca, en la parte interna de mi brazo izquierdo, ¿Cómo había llegado eso ahí?

—¿Es tinta?— Pregunta papá, viéndolo con atención.—

—Parece.. De un marcador, pero aquí no hay de eso aún..— Dice Dominic viendo mi brazo.—¿Con qué te lo hiciste?—

La profecía.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora