4 | Casi como Cenicienta.

14.4K 1.1K 387
                                        

El pelinegro avanza escaleras arriba hasta el pasillo del segundo piso. ¿Tenemos permiso para estar aquí? Seguramente no. ¿Nos importa? Si a él lo tiene sin cuidado, ¿por qué debería preocuparme a mí?

Esto no es una buena idea, Sara

¿Desde cuando tienes sexo con chicos que no conoces?

Desde que a mi padre no le importo. Desde que mi madre es una destruye hogares. Desde que me importa una mierda lo que ellos piensen de mí. Desde que me cansé de mantener la apariencia de chica buena.

Desde hoy.

Tiro de su brazo para detenerlo y él lo hace, retrocede unos pasos y me acorrala otra vez contra la pared, pegando su cuerpo al mío y dejando en evidencia el bulto en su entrepierna que comienza a crecer.

La luz que viene del primer piso es mínima, pero aún así su sombra se proyecta encima de mí. Teniéndolo tan cerca puedo notar cuan azules, casi grises, son sus ojos.

Abro apenas mi boca para hablar, pero él me interrumpe, poniendo una mano en mi cuello, presionando un poco y haciendo que mis hormonas se alboroten y tomen el control de mi cuerpo.

—Es mejor que no nos detengamos —mierda, su voz causa estragos en mí de una forma inimaginable—, no quieres terminar gimiendo en medio del pasillo.

Me muerdo los labios y le sonrío con la mejor expresión de inocencia puesta en mi rostro.

Vuelve a arrastrarme por el pasillo, sus pasos son firmes, sabe hacia dónde se dirige. Nos detenemos junto a la puerta de madera al final del pasillo, que sé perfectamente que da hacia la terraza. Ya he estado ahí antes, mi primer beso fue en ese lugar.

Él abre la puerta y gira su cabeza para mirarme, yo solo puedo sonreír como una tonta, ¿Qué más se supone que debes de hacer cuando un chico tan guapo como él te mira a los ojos? ¿Desmayarte? ¿Tomarse una selfie juntos para que tu prima crea que te has comido a un bombón de esa clase? Entre todas esas opciones, creo que sonreir es la mejor.

La puerta se cierra detrás de nosotros con un golpe y es entonces cuando recuerdo que una vez cerrada, solo se puede abrir desde dentro. No me da tiempo a alarmarme o advertirle porque el chico me toma por el cuello otra vez y me estampa contra la puerta. Para lo bruto que fue, sorprendentemente no me ha dolido. Deja besos húmedos en mi mandíbula y baja a un ritmo lento por mi cuello para luego volver a subir y verme a los ojos.

El gris azulado podría convertirse en mi color favorito sin ningún problema.

—Merda, voglio toglierti quel vestito.

Mi ceño se frunce levemente, pero no le presto mucha importancia, no he entendido lo que ha querido decirme excepto por una palabra "Vestito", mis clases de italiano en el colegio fueron lo suficientemente buenas como para saber que significa vestido.

—¿Te gusta mi vestido? —digo intentando sonar lo más sexy y menos inexperta posible.

—Me gustaría más si no lo tuvieras puesto

Y entonces, por primera vez, me besa. He besado a varios chicos, pero esto... Mierda, es demasiado bueno. Sabe lo que hace y no tiene miedo de demostrarlo. Sus labios se unen a los míos con deseo, su lengua y la mía consiguen de alguna manera formar un baile en medio de ese beso, agresivo, dominador, encantador.

Nos separamos unos segundos para coger aire y aprovecho para morderle el labio, tirando del piercing y soltando un leve gemido a la vez que hace que su agarre sobre mi cuello sea más fuerte, y me avergüenza admitir que eso me excita a niveles que jamás nadie había logrado alcanzar.

Polvo de estrellas [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora