13 | Doble mierda.

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—Podemos tomar las fotos este fin de semana —propone Giovanna.

—Yo no estaré en el pueblo —miento.

Lo último que se me ocurre como plan de fin de semana es pasarlo en el cementerio con Giovanna tomando fotos entre muertos y tumbas abandonadas.

—No te preocupes, Sara —suelta ella—. Yo y Lucca seremos los modelos así que si no puedes tomarnos las fotos simplemente apoyaremos la cámara en algún lugar y ya.

—Yo tampoco estaré —dice él.

No ha dejado de mirarme desde que llegué y yo ni siquiera le he dirigido la palabra, no puedo, no después de nuestro último encuentro y lo que pasó en la iglesia. El sexo con él se sintió tan bien que quiero volverlo a repetirlo y eso me molesta como la mierda, porque no me gusta que Lucca esté rondando mi cabeza todo el puto día y justo ahora es en el único lugar en el que está. Hace casi una semana que no lo veía, en la iglesia fue la última vez y desde eso mis hormonas se tranquilizaron un poco, pero ahora que mis ojos se volvieron a conectar con los suyos no puedo parar de pensar en la noche del baby shower.

—Y en cuanto a lo de las fotos... Creo que si poso con Sara será mejor el resultado, siento que tengo más química con ella.

Mis mejillas se sonrojan terriblemente casi que al instante, odio que sus palabras tengan ese efecto en mí y que no haya forma de ocultarlo.

—¡Ay, ya, como quieran! —bufa ella claramente molesta—. Solo avíseme cuando puedan tomar las malditas fotos y apareceré en el cementerio con mi cámara.

Para la clase de literatura tenemos que recrear la escena de la muerte de Romeo y Julieta. Yo no estuve de acuerdo en usar el cementerio, y no porque tenga miedo... ¡Ay, Dios! ¿A quién quiero engañar? Solo pensar que es algo que tengo que hacer me tiene cagada hasta las patas. Me da mucho miedo meterme con las cosas de los muertos y todo lo que relaciona el tema en sí; prefiero mantenerme alejada de ese mundo hasta que me vea obligada a estar en él.

Giovanna se levanta y sale del salón, dejándonos a ambos solos aquí dentro. Comienzo a guardar mi libreta y lápiz en mi mochila con los ojos de Lucca puestos sobre cada uno de mis movimientos. Cuando ya acabé y estoy colgándome el asa en el brazo, él se pone de pie y habla.

—¿Te pasa algo, rubia? —Desde que entramos a clase es la primera vez que se dirige a mí en concreto porque hasta ahora solo respondía a mis comentarios.

Frunzo la boca y niego con la cabeza sin emitir ningún sonido. Lo miro fijamente a los ojos, y luego las marcas en su cuello roban mi atención. La marca de los chupetones ya casi está desapareciendo al igual que las mías, lo que perfectamente podría ser una invitación a dejar unas nuevas.

—La próxima vez que estemos juntos recuérdame ponerme una venda en el cuello —sonríe de lado.

—Lo mismo digo —me acerco un poco a él—. Tuve que llevar maquillaje en el cuello toda la semana.

—Debería darte dinero para que compres más base, porque pienso hacerte nuevas marcas y espero que el recuerdo dure más tiempo.

Él corta la poca distancia que quedaba entre nosotros y me da un beso en los labios. Nada apasionado, solo los junta, pero se queda ahí, cerca, y susurra contra ellos.

—¿Dejarás que te bese cuando me dé la gana? —Su aliento mentolado golpea mis labios y los abro inconscientemente.

Podría decir que sí, quiero decir que sí y todo mi cuerpo aclama que lo haga, pero me gusta llevarle la contra a la gente.

—No —Él sonríe ante mi respuesta.

—¿No? —sus cejas se alzan a la vez que su sonrisa se ensancha de forma divertida.

Polvo de estrellas [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora