12 | Brasil.

12.4K 932 208
                                        

Caminando de regreso a casa desde el colegio me pongo a pensar en demasiadas cosas. Papá es una de ellas y la principal. El hecho de que no me llame y ni siquiera se interese en mí me está matando. Me lastima que ahora me ignore, es como si al separarnos se olvidó de que tiene una hija viviendo a unos no tantos kilómetros de distancia, como si una de las cláusula del divorcio fuera dejar de hablarme.

Ni bien llego a casa subo a mi habitación a quitarme el ridículo uniforme. Lucca no fue hoy, así que tuvimos que empezar el proyecto con Giovanna. El dolor de cabeza que me dio de solo tener que ser amable con ella perdura hasta ahora y no creo que se vaya en un tiempo cercano.

Mamá entra en la habitación y se sienta en el borde de mi cama mirándome con un semblante serio en su rostro. Algo pasó.

—Sara, hija...

—¿Está todo bien? —pregunto, la preocupación siendo clara en mi tono.

—Tranquila, solo quiero que hablemos —pone su mano en mi hombro y vuelve a bajarla hacia su regazo.

Rasca el esmalte pálido de sus uñas, está nerviosa, lo sé.

—¿Qué pasó mamá? Habla de una vez —insisto.

—La agencia abre una nueva sucursal en Brasil y me ofrecieron el puesto de gerente, yo...no sé qué piensas al respecto.

—¿Te irás?

—Es una gran oportunidad, Sara...

—¡Claro que es una gran oportunidad, mamá! —exclamo.

Sé cuán importante es su trabajo para ella. Lleva años esperando un ascenso así.

—Tendría que irme nada más empezando agosto, tú te quedarías aquí hasta que pueda arreglar permisos y asuntos legales con Steven para que puedas viajar conmigo, no quiero que sientas que te estoy abandonando...

—No podría sentir eso, mamá, nunca lo has hecho, papá en cambio sí.

—¡Ay, hija, no digas eso! —abre sus ojos como platos—. ¡Tu padre no te abandonó!

—¿Ah, no? —mi voz se quiebra—. ¿Entonces por qué no llama desde que nos mudamos aquí? Hace dos semanas que no sé nada de él, ni siquiera un maldito mensaje pudo enviarme.

—Sara —suelta un suspiro—. Sabes que el trabajo de Steven le consume todo el tiempo, de seguro ya te llamará.

—La culpa me martillea el pecho, mamá —le confieso—. Si hubiera mantenido mi boca cerrada, si no le hubiera dicho que te encontré con Claudia, quizás ustedes... quizás seguirían juntos.

—Aclaremos eso primero que nada —sus ojos están rojos—. Cuando tú entraste a la habitación Claudia me estaba abrazando, no pasó nada entre nosotras, no sé que crees haber visto pero te aseguro que nada pasó entre ella y yo...

Mis recuerdos son confusos, tengo la imagen clara de ellas abrazadas sentadas en el borde de la cama, eso lo sé. Ahora, si ocurrió algo después de eso, no lo recuerdo.

—Claudia me contó algo esa tarde, por eso estaba llorando, por eso ella me abrazó.

—Supongamos que solo fue un abrazo —cierro mis ojos un instante, logrando que las lágrimas cesen—. ¿Por qué se divorciaron?

—Él...tu padre tiene secretos —se pone de pie y sé que está a punto de terminar la conversación, pero no la dejaré. No puede decir que papá oculta cosas y no darme más información.

—¿Qué clase de secretos, mamá? —la miro con la cabeza baja, respirando pesadamente, lista para cualquier cosa que pueda confesarme.

—No me corresponde a mí contarte, pero si él te sigue ignorando ten por seguro que te lo diré —aprieta las llaves del auto en su mano y se dirige a la puerta—. Brasil es una buena oportunidad para ambas, un nuevo comienzo de verdad, Sara.

Polvo de estrellas [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora