Es la primera vez en toda mi vida en la que tengo que escabullirme de casa para salir. Jamás mis padres me negaron un permiso, no importa si estaba enojada con ellos y llevaba horas sin hablarles, si pedía permiso, lo tenía. Con la abuela es diferente y por eso ahora Klara y yo nos encontramos a punto de saltar desde la ventana de nuestra habitación hacia el jardín.
A mí me habría dado lo mismo ir o no a la playa, pero Klara se niega a quedarse y yo a quedarme sola, lo que nos lleva a un solo camino y es este.
Una vez mis pies tocan el suelo y alzo la vista para recibir la mochila que Klara me lanza siento la nerviosidad asentarse en la parte baja de mi abdomen. Saber que él va a estar ahí remueve algo dentro de mí y aloca mis hormonas de la misma forma que aquella vez en la cocina cuando me ofreció divertirnos a solas.
Lucca Bianchi me atrae, me atrae mucho y sé que yo igual a él por lo que solo es cuestión de tiempo que pase lo inevitable.
—Sígueme agente treinta y tres —dice Klara pegando su cuerpo a la pared de la casa.
Lleva su mano a la oreja como si tuviera un comunicador en ella y avanza con la espalda contra la pared viendo hacia todas partes para controlar que nadie la descubra en su misión secreta.
—¿Agente treinta y tres? —pregunta y voltea a verme con cara seria—. No seas aburrida, respóndeme.
—Dejé de ser el agente treinta y tres a los doce, Klara.
Me mira con los ojos entornados fingiendo estar ofendida, pero se endereza y sigue caminando normal hasta llegar a la calle.
—Solo para que sepas, yo no voy a dejar de ser la agente cuatro —comenta mientras caminamos—. Si dejas ir a tu niño interior te vuelves una vieja aburrida como la abuela.
—No voy a ser una vieja aburrida.
—Pues, vas por ese camino —alza las cejas a la vez que se encoge de hombros.
Ahora la que la mira fingiendo estar ofendida soy yo. Me pongo ambas asas de la mochila y llevo mi mano a la oreja hablando desde mi propio comunicador.
—Agente cuatro, aquí agente treinta y tres —suelto y su sonrisa se ensancha—. ¿Me copias?
—Fuerte y claro, agente, fuerte y claro —dice ella riendo—. Creí que estaba muerta.
—No, al menos por ahora —miro por encima de mi hombro a la casa—, pero le aseguro que como no nos apresuremos a salir de aquí ambas vamos a estar muertas.
Echo a correr las dos cuadras que quedan hasta la reja riendo mientras ella suplica que la espere. Al llegar mi respiración está agitada y me toma unos cuantos segundos volver a la normalidad, pero en cuanto lo hago le sonrío al portero y recibo de su parte una mirada de desaprobación.
También le dedica una a Klara, pero ella no parece notarla y si lo hace no le da mucha importancia.
Pablo sale del auto y me saluda con un beso en la mejilla antes de que yo me meta en los asientos traseros junto a Ander.
—Hola, Sara —Ander me da un abrazo antes de besar mi mejilla—. ¿Cómo has estado?
—Bien, ¿y tú?
—Bien...
—¡Nos vamos a Los Ángeles! —grita Klara metiéndose en el asiento del copiloto.
—Ni que fuera la primera vez, Klara —Ander rueda los ojos riendo—. ¿Por qué tanta emoción?
—Es que nunca antes había ido con Sa, eso lo hace emocionante.
—Comienzo a creer que Sara hace que cualquier cosa sea emocionante —dice Ander y me mira sonriendo.
Yo le sonrío en respuesta y fijo mi mirada en los árboles que dejamos atrás mientras salimos del pueblo. Son las dos menos diez de la madrugada cuando las enormes letras de «Hollywood» se hacen visibles sobre el monte Lee. Klara toma una selfie en la que salimos los cuatro sonriendo y apenas alcanza a verse la «H» y la «O» a la distancia.
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Polvo de estrellas [✓]
Romansa«Él tendría que traer de advertencia: ¿Te arriesgas a que te rompa el corazón y quedar hecha polvo a cambio de hacerte sentir estrellas?» [BILOGÍA RECUERDOS ESTRELLADOS #1✨️] La vida de Sara era de lo más común; padres perfectos, familia perfecta, c...
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