Al día siguiente, Eun-young se miraba en el espejo, buscando algo con qué cubrir el golpe en su mejilla. El moretón había tomado un tono oscuro, imposible de ignorar. Su reflejo la devolvía una mirada cansada, la de alguien que estaba demasiado acostumbrada a ocultar cicatrices, tanto físicas como emocionales.
El crujido de la puerta interrumpió sus pensamientos. Giró la cabeza y vio a su madre entrar en la habitación.
—Mamá... —murmuró Eun-young, acercándose a ella con pasos lentos.
La mirada de su madre estaba cargada de lástima, algo que Eun-young odiaba pero entendía. No era lástima por debilidad, sino por impotencia. Por no poder protegerla como deseaba.
—¿Qué tal un poco de maquillaje? —sugirió la mujer, intentando aliviar la tensión con una pequeña sonrisa.
—Sabes que no me gusta el maquillaje... —Eun-young suspiró profundamente, apartando la mirada del espejo— ¿Y si no voy hoy?
Su madre apretó los labios, dudando. Sabía lo importante que era para Eun-young seguir adelante, pero también entendía lo agotador que podía ser cargar con todo. Sin decir nada, acarició con ternura la mejilla de su hija, evitando presionar el área herida.
—Está bien, no tienes que ir —respondió finalmente, con voz suave.
Se quedaron en silencio por unos minutos, envueltas en un abrazo. La madre de Eun-young acariciaba su cabello con delicadeza, su mente llena de preguntas sin respuesta. Últimamente, había estado considerando tomar acciones legales. ¿Cuánto tiempo más podían soportar vivir así? ¿Cuánto más antes de que todo se rompiera por completo?
Finalmente, se apartó un poco, aunque con visible esfuerzo.
—Baja a comer, ¿sí? El desayuno está listo —le dijo, intentando sonar animada.
Eun-young asintió, aunque no con demasiada convicción. Su madre salió de la habitación, dejando un vacío que se sintió más grande de lo habitual. Eun-young soltó un largo suspiro y se sentó al borde de su cama.
—Tengo que ser fuerte por las dos —murmuró. Aunque a veces, esa fortaleza se sentía como una carga imposible de llevar.
[...]
—¿Y papá? —preguntó Eun-young mientras entraba al comedor.
Su madre se sobresaltó levemente al escucharla. Eun-young tenía esa extraña habilidad de moverse sin hacer ruido, como si su presencia apenas alterara el aire a su alrededor.
—Se fue —respondió con un suspiro pesado—. Dijo que iba a trabajar, pero no le creo...
Eun-young no respondió de inmediato. Se sentó en la mesa, justo frente a su madre, aunque la distancia entre ellas no era mucha. Era una mesa pequeña, diseñada para tres personas, pero en ese momento parecía demasiado grande para dos.
—Como sea, no quiero contagiarte mi mala energía —añadió su madre, esforzándose por sonreír mientras colocaba el desayuno frente a ella—. Come, necesitas fuerzas. ¿Irás a la academia hoy?
—No lo sé... —murmuró Eun-young, bajando la mirada al plato.
Su madre sintió un nudo en el pecho. No era común ver a Eun-young tan apagada. Su hija, siempre llena de energía y entusiasmo, parecía haber perdido ese brillo que tanto la caracterizaba.
—¡Ve! —dijo con un tono más animado, intentando levantarle el ánimo—. Sé que bailar te hará bien. Exprésate, desahógate... bailando.
Eun-young levantó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa. Le reconfortaba saber que su madre apoyaba su pasión, incluso en medio del caos. Pero la sombra de su padre siempre estaba presente, con sus críticas y su desdén por todo lo que ella amaba. Para él, bailar no era más que una pérdida de tiempo.
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˚˖𓍢ִ໋🦢˚ 𝐋𝐞𝐭'𝐬 𝐃𝐚𝐧𝐜𝐞 ♬ | 𝐍𝐢-𝐤𝐢 ✔
Fanfiction𝐍𝐊 || Choi Eun-young es una apasionada de la música y el baile. Con el firme propósito de cumplir su sueño de convertirse en una gran bailarina, está dispuesta a dar su mayor esfuerzo, enfrentando todos los obstáculos que se crucen en su camino. E...