Capítulo 5

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Habían pasado tres horas desde que Amanda se fue a hablar con el encargado del Punto de Paso, y Raven no tenía noticias de ella, la había llamado y al no obtener respuesta le había enviado varios mensajes, pero no daba señales de vida, y comenzaba a tener un mal presentimiento. A pesar de que su madre se lo había intentado ocultar ella no era tonta, sabía perfectamente quien estaba al mando de ese lugar, y por eso agradecía que fuera ella a hablar con él para dejar claras las cosas de una vez, pero ese agradecimiento se estaba convirtiendo en impaciencia, porque cómo no apareciera dentro de poco iba a volverse loca.

-Da señales de una vez... Que sabes que no puedo moverme de aquí. - gruñó al aire entre dientes.

Intentó contactar con ella de nuevo pero esta vez fue directamente al buzón de voz, no había ni sonado la llamada, miró su móvil impaciente, y volvió a escribirle, pero no le llegaban los mensajes.

Resopló.

Esperaba que en esa reunión no haya sucedido nada importante, que aclararan las cosas y no tener más problemas con los trabajadores del lugar mientras continuaban ahí, porque su paciencia estaba casi al límite. Se levantó por septuagésima vez de la silla y comenzó a caminar de un lado a otro como si fuera un animal encerrado en una jaula, a punto de atacar. A las imágenes del cabrón aquel se le sumaban las del imbécil y eso no la estaba ayudando en lo más mínimo, y por un momento pensó en bloquear todo, pero descartó la idea, era demasiado pronto y estaba en un sitio que la hacía inestable emocionalmente hablando, así que cualquier cosa podría hacer que su bloqueo se fuera a la mierda, o que perdiera el control.

No podía arriesgarse. Se expondría demasiado.

Era mejor esperar a que dejaran ese lugar de una vez por todas para hacerlo.

La joven protectora escuchó como los muelles de la cama se movían bruscamente y centró toda su atención ahí, y lo que vio le dieron ganas de aplaudir y ponerse a bailar, Katherine por fin estaba despierta y la miraba con desconfianza; pero no hizo demasiado caso a eso, después de casi dos semanas al fin la princesa había abierto los ojos, y eso significaba que dentro de poco se podrían ir de ese maldito lugar.

- ¿Quién eres? - preguntó Katherine con voz rasposa. - ¿Dónde estoy?

Katherine intentó levantarse, pero al ver la vía inyectada en su brazo se quedó estática, volvió a fijarse en la morena que estaba con ella en la habitación, exigiendo de manera silenciosa que le explicara todo lo que quería saber. Y Raven que conocía bastante bien esa mirada se contuvo para no poner los ojos en blanco, odiaba que le dieran órdenes, y mucho más si esas órdenes provenían de alguien que pertenecía a la realeza. Detestaba a la realeza con todas sus fuerzas y aún más el tener que hacerse cargo del último miembro de esa familia, pero si su madre se la había asignado era por algo, y no iba a dejar que su profesionalidad se pusiera en duda por culpa de la princesa desaparecida.

Raven contó mentalmente hasta cincuenta mientras tomaba asiento de nuevo, bajo la atenta mirada de Katherine que intentaba estar alerta por si tenía que golpearla y salir corriendo. Y justo en el momento en el que la morena abrió la boca lo mismo pasó con la puerta, dejando ver a una Amanda bastante seria e intimidante, la mujer al percatarse de que la princesa había despertado quedó perpleja, no se esperaba que lo hiciera tan pronto. Miró a su hija, la cual se encogió de hombros sin saber que responder.

- ¿Y tú quién eres? - volvió a preguntar Katherine.

-La persona que te va a cuidar mientras tu acompañante se prepara para la cena. - Dijo una voz masculina.

Raven, que reconoció la voz, puso los ojos en blanco con hastío, esperaba no tener que hacer esa mierda de costumbre. Siempre que había alguien importante en un Punto de Paso se celebraba una cena a la que asistían la persona que dirigía el lugar, el o la protectora, y el o la cliente; un evento de lo más clasista pensaba Raven. Y si ya de por sí le daba pereza asistir a cenas normales, con esta directamente tenía ganas de pegarse un tiro, o de irse a una misión suicida a cualquier lado... porque cualquier opción era mejor que sentarse en una mesa con su padre, madre, Katherine, y con Thomas –porque ese seguro que se iba a auto invitar-. Se levantó lentamente de su asiento y se dirigió a la salida sin mirar a nadie, pasó al lado de su madre, que le apretó el brazo pidiéndole ayuda de forma silenciosa, esa cena iba a ser más incómoda y dolorosa para ella, así que tendrá que aguantar el tipo por las dos.

TraiciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora