Capítulo 19

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En el momento en el que Katherine escuchó como se cerraba la puerta del baño se incorporó rápidamente en busca del mando de la televisión, y al volver al sillón la encendió, bajando el volumen de tal manera que solo fuera un leve murmullo lo suficientemente alto como para matar el silencio que se iba a instalar en la habitación. Dejó el mando a su lado y comenzó a ojear la carta del restaurante que les habían dejado antes de que llegaran, y a pesar del hambre que tenía no había nada que consiguiera llamar su atención o quizá lo que no la seducía era el hecho de tener que comer en la habitación o en el restaurante del hotel para luego volver a encerrarse hasta el día siguiente. Tras unos minutos en los que intentó convencerse de que esto era lo mejor para ella, para su seguridad desistió de sus intentos, soltó desganada la carta junto al mando y caminó hasta la ventana que daba al exterior, y desde la prodigiosa vista que le proporcionaba la altura de la habitación miró hacia la céntrica calle madrileña, que desprendía vida, la que le proporcionaba toda la gente se desplazaba por ella, ya fuera en grupos o de manera solitaria.

-Ojalá pudiera ser cualquiera de ellos, con preocupaciones humanas, sin que mi vida corriera peligro por un grupo de sociópatas. - susurró sin fuerzas.

La princesa de los magos continuó mirando por la ventana el ambiente de la noche madrileña mientras su deseo de formar parte de él iba aumentando en su interior, y como consecuencia la idea de cenar y quedarse enclaustrada en esa habitación toda la noche, aunque fuera acompañada, cada vez le parecía más inviable. Y en ese preciso instante se dio cuenta de algo que había pasado por alto sin apenas darse cuenta, desde que había escapado no había tenido nada de libertad, le habían comunicado lo que iban a hacer y en cierta medida eso le proporcionaba más aire del que estaba acostumbrada a tener. Pero esa licencia, por llamarla de alguna manera, se la habían dado siempre en un entorno cerrado y controlado, nunca en un lugar donde no sintiera como las paredes se cerraban a su alrededor asfixiándola, como estaba comenzando a experimentar. La cabeza estaba empezando a darle vueltas y sentía que en cualquier momento iba a perder la estabilidad, por lo que, conocedora de lo que podría pasar a continuación volvió al sillón y se sentó, respirando aliviada de haber llegado antes de que el ataque de ansiedad se materializara, y de haber evitado la estrepitosa, además de dolorosa, caída que posiblemente habría traído consigo.

Con la idea de mantenerse entretenida mientras esperaba a que Raven saliera del baño subió el volumen de la televisión y volvió a coger la carta, y comenzó a leerla sin prestarle especial atención a lo que ofertaban, pues su cabeza se había hecho a la idea de salir a cenar por fuera del hotel. Y estaba tan inmersa en sus pensamientos y en sus ganas de salir, que no se dio cuenta que la chica con la compartiría habitación había entrado en la sala; y que al verla con la carta entre las manos y con la mirada perdida la observaba preocupada, por lo que podría estar sucediendo dentro de su cabeza en esos momentos. Raven se acercó lentamente, cogió el mando que estaba tirado a su lado, bajó el poco el volumen y esperó pacientemente por si su presencia hacia que Katherine reaccionara, pero nada; estaba tan sumida en sus pensamientos que ni se percató.

-No creo que la carta tenga nada tan interesante como para que le dediques tanta atención, el programa que tienes puesto es mucho más entretenido, creo. - Comentó Raven después de reflexionar durante unos segundos si debería intervenir en lo que fuera que estaba pasando en su cabeza o esperar a ver si podía ayudar de otra forma.

Katherine escuchó la voz de Raven entre la neblina que se había ido formando en su mente sin ella ser consciente, a pesar de haber encendido la televisión se había aislado de la realidad, aunque afortunadamente no había pasado nada; es cierto que había sentido un poco de ansiedad, pero la controló antes de que pudiera ir a más. Y el motivo por el que se había aislado no era malo, o al menos no demasiado, pues se había hecho ilusiones sobre algo que no sabía si podría llevarse a cabo, y quizá el no poder hacerlo le haría daño, ya que sería una de las pocas veces que tendría la oportunidad de sentirse como una persona normal.

TraiciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora