Vi desde mi posición como sus ojos se abrieron completamente a la vez que giraba la cabeza, muy lentamente, en mi dirección.
Y de repente, soltó un grito, tan fuerte que sentí que lo había escuchado toda la isla entera. Fue tan largo que temí que se ahogara por no respirar.
—¡Lexie!— acabé gritando.
Eso hizo que se quedara callada, cerró la boca de golpe, y seguía mirándome como si estuviera viendo un fantasma.
Se levantó de golpe, casi tropezando con las patas del colchón en el que estaba sentada, y se me tiró literalmente encima, abrazándome.
Solté un pequeño gritito de dolor, porque mis heridas seguían en carne viva, pero aún así no la aparté, así que se quedó encima mío, envolviéndome con sus brazos durante más de dos minutos enteros.
Hubo un momento en el que empezó a llorar, y yo le empecé a acariciar la cabeza. No se levantó a verme si no hasta que le di un pequeño beso en la cabeza para tranquilizar su llanto, mirándome con ojos y mejillas rojas de tanto llorar.
—Este es el mejor sueño de mi vida.— la escuché susurrar, y la verdad era que el mío también, porque todo me parecía bastante irreal.
—No es un sueño, me he escapado, aunque no se ni como he sobrevivido.
Su cara era digna de enmarcar en un cuadro, estaba más pálida de lo normal, con las mejillas rojas y sus ojitos castaños hinchados, mirándome con asombro.
—¿Cómo te has escapado? Nadie escapaba desde hace más de una década.— me dijo, aún sin creerme.
—Es una historia un poco larga, si quieres te la cuento, pero en cuanto dejes de apretarme las heridas.— le dije, sin aguantar más el dolor.
—Oh, dios, perdón.— se me quitó de encima– Voy a por el botiquín, no te muevas.
Seguido de eso salió de su habitación, dirigiéndose al baño.
Sabía que tenía un gran botiquín en un armario del baño, le encantaba sacarlo cuando de pequeña siempre llegaba a su casa con heridas, era la mejor doctora. Me enteré de que a temprana edad hizo un curso de primeros auxilios básicos solo para poder cuidarme cuando lo necesitara, era la mejor persona que había conocido.
Volvió en menos de treinta segundos, cargando un gran botiquín en sus manos, con ansias.
—Siéntate en la cama.— obedecí y me levanté del suelo con algo de dificultad, sentándome en su cama— Quítate la ropa.— seguía dando órdenes.
Subí la cabeza, mirándola con detenimiento y el ceño fruncido.
—Ósea, me refiero a que... Porque... Yo...— decidí salvarla de ese momento de vergüenza.
—Para mirarme las heridas.— dije riéndome— Está bien.
La camiseta estaba casi rota del todo, así que al intentar quitármela, se rompió. El pantalón fue un pelín más difícil, sobre todo porque ahora me dolían las dos rodillas, aunque una más que la otra, pero al final lo conseguí, soltando uno que otro gruñido de dolor.
Me quedé en ropa interior, mientras Lexie evaluaba mi cuerpo, fijándose en las heridas que me había hecho hoy, en un silencio sepulcral.
—Creo que deberías darte una ducha primero.— dijo al final, volviendo a mirarme a la cara— Ven, te daré tu toalla.
Me agarró de la mano para llevarme hasta su baño, aunque ya sabía dónde estaba, aquella era como mi segunda casa.
Iba cojeando un poco, pero más o menos podía caminar.
Al entrar me soltó para abrir un armario y sacar una toalla violeta, la que siempre usaba cuando me quedaba ahí, y la dejó sobre la tapa del inodoro.
—No te muevas, voy a por ropa para dejarte.
Salió, y volvió en menos de un minuto con una muda de ropa interior que me había dejado la última vez que me quedé a dormir en su casa, lavada y limpia.
—En cuanto salgas te curaré las heridas, avísame si necesitas algo— se iba a ir pero se detuvo en el marco de la puerta— Procura ducharte con agua fría, la caliente te escocerá en las heridas; y mejor no uses champú hasta que la de tu cabeza esté mejor.
Después de eso se fue, y yo me quedé un momento pensando en cómo había visto la de mi parte posterior de la cabeza, ni siquiera yo recordaba que estuviera allí, después de todo este agite, se me había hasta olvidado.
Me quité la ropa interior y me metí en la ducha, abriendo el grifo hacia el lado del agua fría. Suspiré al sentir como mis músculos se relajaban por primera vez en todo el día, sin la presión de correr, o de que me hicieran daño.
Igualmente, las rodillas me hicieron daño al entrar en contacto con el agua, pero al menos pude limpiarme, me había duchado la noche anterior y parecía que llevaba una semana sin hacerlo.
Estaba sudada, y llena de porquería por las múltiples carreras y golpes, todo en tan solo unas pocas horas, había conseguido que estuviera agotada.
Me limpié con cuidado, notando como las heridas dolían bastante cuando les esparcía jabón. Algo que nunca admitiría en voz alta, era que me encantaba el jabón de ducha de Lexie con olor a fresas con vainilla, pero prefería molestarla con eso diciéndole que olía como un pastelito o un helado.
Salí de la ducha rápido, me envolví en la toalla y me permití mirarme en el espejo detenidamente.
Las ojeras que envolvían mis ojos verde oscuro seguían igual de profundas, al igual que mis pómulos igual de marcados. Mis dos cicatrices de la cara seguían intactas, igual que en los últimos años. Mi pelo -o más bien mi maraña- castaño oscuro, estaba ahora aplastado por el agua. Normalmente era ondulado, pero como normalmente no me lo peinaba, quedaba como una escoba vieja. Mis cejas seguían bien, un poco más pobladas a como siempre estaban, porque no había tenido tiempo de depilármelas en los últimos días, aunque tampoco me importaba mucho.
Me pasé los dedos por el pelo, intentando peinármelo un poco, me llegaba un poco por debajo de los hombros, no lo tenía tan largo.
Aparté la mirada del espejo, dirigiéndome hacia el inodoro para ponerme la ropa interior y sentarme por un momento en él, mirándome las rodillas. Con el agua y el jabón se había quitado la sangre, dejando una herida abierta en carne viva y una rascada algo profunda.
Me levanté para agarrar el espejo pequeño circular que había encima de la pica y le di la espalda al espejo de encima de esta, mirándome así la nuca a través del espejo pequeño. Tenía un golpe en la parte central trasera de la cabeza, un poco profundo, el maldito panadero sabía cómo apuntar.
Al pensar la última frase me acordé del golpe que me propinó en la mandíbula en uno de mis múltiples intentos fallidos de escapar, me fije mejor en el redondo espejo, tenía una pequeña marca violácea, pero no se notaba tanto.
—Dhairya, ¿Estás bien?— escuché junto a tres golpes al otro lado de la puerta.
—Sí, ya salgo.— alcé un poco la voz para que me escuchara.
Salí del baño con la ropa interior puesta y envuelta en la toalla.
————
Heyy ;)
La mayoría de veces se me olvida poner notitas al final de los capítulos:(( pero anyways, que tal están??
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La Isla
Tajemnica / ThrillerDhairya vive en una isla en la que es imposible entrar o salir de ella, pero en esta, casi nadie muere por una causa natural. Supuestamente, por la sobre población, si dicen tu nombre por los altavoces, todos irán a por ti y el primero que atrape al...
