—Buenas tardes Claudia —el señor barbudo de unos sesenta años sentado delante de mi me sonrió con esa facción amable que me inspiraba confianza.
—Buenas tardes Doctor Hernández —pasé mis manos por el pantalón que llevaba puesto.
—¿Quieres hablar de lo qué pasó o prefieres contarme cómo va tu vida actual? —abrió su cuaderno de apuntes y encendió su grabadora pequeñita.
—Lo qué pasó hace cuatro años me marcó de una manera horrible —cierro los ojos y suelto un suspiro— Creo que me gustaría hablarle de ello, me siento lista.
El asintió y yo me acomodé en el sofá quedando semiacostada.
—En un principio me pareció cruel y horroso lo que le había sucedido a mi mejor amiga, sentía la rabia fluir por mi cuerpo, creía que había hecho lo correcto —cerré los ojos nuevamente— Quisiera decirle que la imagen de Ruth golpeada, llena de sangre, con la ropa rasgada y ahogándose en su propio llanto no me hizo daño, pero le mentiría descaradamente.
«Acabó con todo lo lindo que había estado en mi mente hasta ese entonces, pensé que sería más fuerte. No me daba miedo la sangre, jamás temí a la muerte, hasta que la miré directamente a los ojos —limpié una lágrima de mi mejilla— Tuve que ir a terapia porque quedé en un estado de shock luego de enterarme de todas las atrocidades que había sufrido mi amiga.»
Recuerdo cada momento de la maldita terapia donde me repetían que no había tenido que ver nada con lo que le había pasado a Ruth, pero mi subconsciente me jugaba la mala pasada de pensar exactamente lo contrario.
—Me estuve torturando por meses, pensando que de cierta forma yo tenía la culpa —las lágrimas salían una vez más— Quería matar a ese maldito, mi amiga no podría tener bebés por su culpa. Ruth quedó estéril, tuvieron que hacerle una limpieza en el útero porque había terminado metiéndole un tubo de no me acuerdo qué cosa por su maldita vagina —comencé a alzar el tono de voz y ha hablar muy rápido.
Me senté de golpe y limpié las lágrimas que caían ya por montones en mis mejillas.
—Pero está de más recordarte que tú no tienes la culpa de lo que le hizo ese tipo a tu amiga —el doctor me tiende un pañuelo y le agradezco.
—¿Imagínese no poder abrazarla porque le den miedo las personas? —me senté mejor y más cómoda en mi lugar— Ruth se pasó meses enteros sin comer nada, encerrada en su habitación. La entiendo, odia a esta sociedad de mierda y las personas que la rodean, pero eso solo hizo que me sintiera más culpable.
«Cuando me dejó verla habían pasado más de dos meses. Dos meses en los que no había dado señales de vida —comienzo a calmarme y el hipo del llanto me aborda— Culpé a sus padres por todo lo qué pasó, le grité a su madre tantas cosas que terminó quebrándose y llorando junto a su padre que no sabía ni cómo reaccionar.»
El doctor me brinda un vaso con agua y lo acepto.
—Siempre culparé a su madre por arruinarle la niñez y la adolescencia —el escucha atentamente— Mi familia aceptó que se quedara en una de las habitaciones de la casa, mis padres fueron las personas más amables del mundo, nada que me extrañe. El problema llegó cuando tuvo que interactuar con mis hermanos.
«Ellos jamás le hubieran puesto un dedo encima, los conozco, son medios idiotas pero tienen un gran corazón. Así que Ruth solo se alejaba de todo contacto masculino y dejaba que yo tuviera bastante poco contacto físico con ella.»
—Entiendo que para ti fue un shock muy fuerte Claudia, fuiste a terapia, superaste lo que pasaba según tu anterior psicólogo. Tú vida marchaba bien hasta hace unos meses —apuntó algo en su libreta— Has estado viniendo y contándome cosas triviales como tus ex parejas y tú infancia, pero curiosamente no has tocado el tema de tu vida actualmente. Supongo que por eso decidiste venir.
Tenía toda la razón el muy maldito. A veces olvidaba que no estoy hablando con cualquiera.
—Pues si y es una mierda —una pequeña risa se escuchó por parte de él y era muy gracioso porque cada vez que me expresaba a mi manera él terminaba sonriendo o simplemente riéndose solo.
—Cuéntamelo creo que podría ayudarte —me hizo un gesto con su mano para que comenzara a hablar y yo solo miré mis pies y solté un suspiro.
Un nudo se hizo en mi garganta y todo a mi alrededor me comenzó a causar náuseas.
—Esto que le voy a contar es el mayor y más importante secreto que tengo —el cruza sus pies y apoya su espalda en su sillón— Bien, hay un hombre en mi vida, que se ha convertido en todo.
«Y cuando digo todo, me refiero a exactamente eso —se me dibuja una sonrisa— No soy de las mujeres que se dejan impresionar por un par de detalles, de hecho era de las que quería acostarse con cada culo bonito que viera —esta vez reímos los dos— El caso es que Jung se convirtió en ese algo que no sabía que me faltaba. ¿Amor? No lo sé, puede que esté jodida por él y no me de cuenta, pero hasta ahora vamos bien sin ser algo así como una pareja normal.»
Y no lo éramos, Jung es tan frío y a la vez tan lindo que muchas veces creo que en serio estoy enamorada de él, una bestia en la cama y un domador de fieras en el trabajo. Llevamos tres años en esta rara relación de noviazgo que ciertamente me encanta y creo que al resto de mi familia —por muy rara que le parezca— también.
—Entonces tienes un novio de ensueño —asentí— Ahí no está el problema.
—Odio que siempre tenga la razón —sonríe y suelto un suspiro— No sé cómo decirle a un hombre libre e independiente de veintisiete años que va a ser padre.
El doctor agranda sus ojos enormemente y me encojo en mi lugar dejando salir el peso de ese secreto.
—En norabuena —parece realmente sorprendido.
—Miedo, por segunda vez en toda mi vida vuelvo a experimentar el miedo —doy un sorbo al vaso de agua— No es solo Jung con su aire de libertad, es Ruth, con su problema de no poder tener bebés —se me oprime el pecho— No tendría valor siquiera de estar feliz con esto y me siento una mala persona porque ella no pueda tenerlos, no quiero que después de tantos años vuelva a revivir ese momento horrible.
—Es entendible que pienses así, tu amiga necesitará tiempo —me tiende otro pañuelo desechable para que seque mis lagrimas nuevamente— Tu novio tendrá la opción de quedarse con una persona increíble como tú o irse y perder la oportunidad de tener en su vida el regalo más grande de un hombre que es su mujer y su hijo.
Este día fue mucho mejor de lo que esperaba, no me despedí con un adiós porque sé que en cuanto cada persona de mi casa se entere de mi embarazo de tres meses que está por comenzar a notarse todo va a ser una total locura.
No sé ustedes pero yo lloré escribiendo lo que ha pasado Ruth... ¿Embarazo? ¿Claudia? ¿Jung papá? Bueno... esto se pone bueno... lamento mucho que sea un final taaaaan abierto pero la verdad a mi me encanta.
Habrá extras así que tranquilxs... besos... las kakamodoro 💜..... Clau
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I Did Something Bad
Teen FictionNo confíes... No esperes nada de nadie... Porque nunca sabes que puede pasar al final... Claudia Hamilton una chica poco convencional que odia las etiquetas y se considera una de las personas más mordaces y sinceras del país... Si esa es ella... Él...
