Capítulo 6

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«Quien no domina su soledad,
en su ignorancia cree que
cualquiera es buena compañía»
~Miguel Moreno

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Miré de reojo a Jayce, el cual estaba muy tranquilo en su silla.

Desde que lo vi entrar en el club de lectura, no había dicho nada al respecto sobre la noche anterior.

Solo un saludo al aire y una concentración inhumana conforme a la clase, que por cierto, pasaba lentamente. En mi caso, tenía toda mi atención puesta en hacer un análisis completo de aquel chico.

Descubrí muchas cosas que ni siquiera sabía que pensaba respecto a él. Como por ejemplo: Es una persona muy calmada. Es el tipo de persona que en medio de una catástrofe, se pondría a calmar la histeria de la gente.

Tenía paciencia—muchísima—, un gusto del humor peculiar, se toma todo con normalidad y, para sumarle: Siempre parecía feliz.

Una felicidad que conllevaba calma.

En cambio—por hacer una comparación—yo era más bien... todo lo contrario a su personalidad: Soy el tipo de persona que en medio de una catástrofe, pasaría de todos e insultaría a cualquier paranoico que se me cruzara por el camino.

No tenía paciencia, un humor raro, me tomaba todo con desagrado y, para sumarle: Pocas veces parecía feliz.

Soy el disgusto personificado, la verdad.

Parpadeo distraídamente mirando a la nada cuando de repente mi teléfono, que está encima de la mesa, vibra una vez.

Inconscientemente miro a Jayce, que está con su teléfono en la mano... Así que lo agarro de un tirón y leo el mensaje:

Jayce: ¿Vamos a fumar?

Enarco una ceja y lo miro. Cuando hago tal acto choco directamente con sus ojos azules. Son tan... oscuros.
Nos miramos durante un segundo hasta que me digno a responder.

Jeder: No.

Veo como su cara sigue de impasible al leer mi respuesta, así que no dice nada durante un minuto eterno.

Jayce: Bien.

Sin decir más, Jayce da un paso atrás con la silla y se levanta como si nada. En ningún momento despego mis ojos de su cuerpo, el cual pasa a través de la puerta blanca y fea del lugar.

Está loco. Si piensa que voy a ir tras él está completamente equivocado.

Es más, tenia mis razones y eran tan simples como decir que lo estaba dejando. Sí, estaba dejando de fumar, como si resultara así de fácil.

Realmente, solo me había dado un golpe inesperado de locura, era muy probable que dentro de nada cogiera un cigarrillo y retomara las andadas.

Podrá ser un rubio muy guapo, pero eso no quita el hecho de que sea un atrevido nato. Es que... ¿Pedirme un beso? ¿En serio?

Y ahora... Creo que esa fue la primera vez después de mucho tiempo que alguien me dejaba tan fuera de lugar.

Cuando la clase pasó, me dirigí con Jacob y Ayla a la parte de afuera del edificio. Allí, en las escaleras, estaba Jayce fumando. Mirando a ninguna parte en concreto y movía su pie sucesivamente.

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