Capítulo 26

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«Los muertos reciben más flores que los vivos, porque el arrepentimiento es más grande
que la gratitud»
~Ana Frank


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Tres meses después...

Me pagaban bien. Eran amables y me gustaba el trabajo. No podía pedir más. Simplemente me encontraba en un ambiente que desde siempre me había gustado.

No. No era mi trabajo ideal pero... no me podía quejar. No quería quejarme.

Además, lo compaginaba muy bien con mi vida actual, la cual había dado un vuelco total en muy poco tiempo.

Pero de nuevo, no era capaz de quejarme.

Ahora tenía dos gatos súper cariñosos y un novio que se quejaba cada día de las nuevas flores que llevaba a casa. Daba igual, las plantas le daban un toque mío a su apartamento.

Además, él había dicho que su casa es mi casa. ¡No tenía derecho a quejarse! Pero, sin embargo, hacíamos una pareja realmente particular. Yo era un desorden de pies a cabeza, y Jayce simplemente era la calma después de la tormenta—yo soy la tormenta, claro—pero por lo demás, lo hacíamos muy bien.

O eso creo.

Joder, podía andar por el salón prácticamente desnuda sin preocuparme de mis padres. O mis hermanos... ¡No tenía público y eso era un alivio! Bueno... espero que Tony y Stark no cuenten como publico...

En fin, nunca pensé que vivir fuera de casa llegaría a ser tan liberador.

—Aquí está.—dije mientras las miraba.

Ella paró de hablar inmediatamente con la chica de cabello café oscuro para mírame y sonreír con esa actitud tan cálida que desprendía y esa sonrisa burlesca.

Ya la conocía de sobra. Y desde el primer día que entró en la tienda y me preguntó si era nueva, no la dejé de ver por lo menos dos veces a la semana...

Simplemente ocurrió, una broma llegó a la otra y se volvió como una amiga. Y... Sí, puede que un poco mayor, pero su sobrina tenía mi edad y se parecía mucho a ella. Así que por diez minutos me detenía a escucharlas hablar.

Sus ojos miraron el ramo que les había hecho libremente y sonrió de nuevo.

—Tan bonito como los otros...

Sonreí, mirando sus manos con las flores envueltas en un bonito papel marrón con letras ilegibles.

Y justo entonces, llegó su sobrina

—Es verdad.—le dio la razón mirando el ramo—Mi tía tiene razón, mientras trabajes aquí deberías de seguir haciendo los ramos de mi madre.

Asentí, agradeciendo internamente que halagaran mi trabajo. Ambas eran muy amables.

—No me quejo, me gusta hacer esto.

Por igual rieron y mientras la más mayor de las dos se disponía a pagar las flores, la otra salió del almacén después de despedirse para encontrarse con su novio, un chico más alto que ella y que sinceramente, me parecía... A ver, estaba guapo.

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