Capítulo 8

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«Tengo la teoría de que cuando uno llorar, nunca llora por lo que llora, sino por todas las cosas que no lloró en su debido momento»
~Mario Benedetti

𓆩8𓆪

Necesitaba nicotina. Esa es la cruda y dura realidad. Solo... estaba intentando abstenerme a no tomar mi caja de tabaco y devorarla como una jodida loca.

Estaba haciendo un poco de frío, pero eso no me importaba en lo absoluto. Ahora solo estaba pensando en todo mientras esperaba al imbécil de Jayce.

Sí, muy imbécil.

Ayer por la noche habíamos tenido una conversación de lo más... particular.
Todo comenzó cuando le envíe un mensaje diciendo: «¿Te vienes a una fiesta?».

Oh, sí. Iba a ir a una fiesta. En realidad era la fiesta de Ethan, ya que él no necesitaba excusas para hacerlas y yo ninguna para no asistir.

Nunca le diría que no ha una buena fiesta y alcohol.

Y eso de invitar a Jayce... ¿Por qué? Bueno, primero que todo era por las múltiples e incansables sugerencias sutiles de Ethan:

«—¿Y por qué no?—Había dicho élDime una sola razón para no invítalo.

Vaya, realmente le había gustado.

Lo miré de reojo, viendo cómo articulaba con las manos. ¿Por qué gastaba saliva en algo tan estúpido? Invitar a Jayce sería una puta locura.

—Jeder, querida, necesitas una noche loca. Una barita mágica no te vendría nada mal... Ni a ti, ni a mi.»

Juro que en ese momento, puse los ojos en blanco y lo llamé «pervertido». Pero ahora, que había invitado al rubio, no cabía ni la menor idea de porque lo había hecho, simplemente... no me parecía tan mala idea.

¿Ya había dicho lo hipócrita que era?

En fin, había pasado una semana desde aquella despedida en el club. Y, como cosa nueva, había estando hablando con Jayce.

Sí, últimamente habíamos intercambiando algún que otro mensaje, pero, en estos dos últimos días, no lo había visto ni por asomo.

Su último mensaje se resumía en:
«Estoy trabajando, luego te hablo»
Y, spoiler: Nunca me habló.

Realmente, de ahí surgió mi invitación.

Suspiré y me crucé de brazos. ¿Jayce era tan impuntual como parecía o era yo la que me había preparado muy rápido?

Ja, y pensar que yo solía ser la impuntual.

Me ajuste la chaqueta de pana tres tallas más grande que yo—la cual había pedido formalmente a Adam—y me levanté de la pared cuando vi una mata de pelo rubio caminando hacia mi.

Lo miré a arriba a bajo y... saboreé las vistas.

Para que mentir, lo que tenía de alto lo tenía de guapo. Y el muy idiota estaba bueno. 

Cuando llegó a mi, lo miré a los ojos y de inmediato me llegó un olor a... tabaco mezclado con menta. Sinceramente, era una mezcla refrescante. Y me gustó.

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