EXTRA IV

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Había pasado un año desde que Gilbert y yo nos casamos. Al principio fue algo difícil convivir juntos, él hacía las cosas de un modo y yo de otro, pero después un tiempo, nos acostumbramos y ahora nos complementábamos de maravilla. La noticia de mi boda sonó en todo Inglaterra y fue noticia del periódico nacional durante una semana. Lamentablemente, no pude decirle en persona a Eduardo que me había casado, el periódico me ganó, él decía que estaba muy feliz por mí y por Gilbert, pero sabía que en el fondo le dolía y a mí me dolió que tomara su distancia conmigo durante unos meses. Además, considerando que él era el rey, era difícil que me comunicara con él sobre algunos asuntos del Concejo, pero menos mal que al pasar el tiempo que él mismo se había puesto, regresamos a ser los mismos amigos de antes. Mientras tanto, Gilbert había conseguido trabajo en el mejor consultorio de Inglaterra y aparte, Eduardo le había pedido ser su médico de cabecilla, tanto de él como de su familia. Ambos hacían el mayor esfuerzo por llevarse bien, no podía decir que ahora eran grandes amigos, pero si la pasaban bien.

Amy y Eric tuvieron a su hermoso bebé, porque sí, fue un varón, al cual lo llamaron Jake. Amy pasó los últimos meses de su embarazo en la universidad, ya que decidió no abandonar lo poco que le quedaba para terminar su carrera, la admiraba por eso. Ahora, ambos esperaban a su segundo bebé.

Papá cada día crecía más profesionalmente, sus bufete estaban triunfando, no solo en Inglaterra, sino también en Avonlea, estaba muy orgullosa de él. Leo, por otro lado, había demostrado tener mucho talento en los dibujos, le gustaba dibujar edificios y lo que habría dentro de ellos, creo que él sería el que rompería la racha de abogados en nuestra familia, pero no importaba, ya que él debía de ser lo que él quisiera, no importa qué.

Actualmente, estaba saliendo algo apresurada del castillo, tenía muchas ganas de ir a ver a Gilbert al consultorio en el que trabajaba. Acababa de descubrir que estaba embarazada y quería decírselo.

¡Lizzie!- oí que Eduardo me llamaba desde el salón en donde se encontraba el comedor

A veces, cuando comía solo, me invitaba para poder hablar de lo que iba de nuestro día. Creo que hoy no podría ser.

Eduardo- dije al entrar a la sala y ver que solo Eduardo estaba sentado- Hoy no podré sentarme contigo a conversar.

Es importante...- pidió Eduardo

Está bien, pero solo un rato- le dije mientras me acercaba a la mesa y trataba de aguantar mis inmensas náuseas por el olor de la comida- ¿Que pasó?

Alexandra está embarazada- me confesó

No te veo alegre como las otras veces- le dije

Es que se enteró que la engañé y gracias a eso no quiere que la ayude en nada- me dijo

¿Que tú qué?- pregunté algo sorprendida y molesta por lo que le había hecho a una mujer tan buena como Alexandra

Fue un error, no ha vuelto a pasar. Lo juro- dijo Eduardo

Ambos sabemos que no es la primera vez- le comenté- ¿Que está pasando contigo?

A veces uno busca las salidas no tan adecuadas. Sabes que para Alexandra y para mí el divorcio no es una opción- me dijo

Lo sé- le dije- Ella te ama y es injusto que la hagas sufrir de esa forma. Si en verdad quieres estar con ella en este embarazo, tienes que luchar. Alexandra considerará tu esfuerzo

Eso espero- suspiró el rey- ¿A dónde ibas con tanta prisa? Tú no eres de dejar el castillo antes de que acabe tu horario laboral

Sonreí un poco, él me conocía muy bien

ELIZABETH | Gilbert Blythe Donde viven las historias. Descúbrelo ahora