Capítulo 18: Parque de diversiones.

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Darla 🙄: Chicos, deben recordar que mañana tenemos el exámen final. Será de manera oral por orden de llegada, aviso que está evaluación tiene un total de 40% de la nota final, nos vemos mañana.

Pongo mis ojos en blanco al leer el mensaje de la chica que se cree secretaria de su padre.

¿Un exámen final mañana? ¿A quién le hace bien eso?

Llevo todo el jodido día encerrada en mi habitación tratando de estudiar, esto de evadir tus responsabilidades y escaparte un fin de semana tal vez no fue buena idea.

Miro el montón de papeles con apuntes, y no, ya no puedo seguir estudiando, a este paso me convertiré en una máquina andante y no me apetece estar por allí soltando datos innecesarios.

Mi estómago ruge en protesta, otra consecuencia de evadir mis obligaciones: no he comido.

Pero esto nada tiene que ver con la universidad, el que no quiera salir de mi habitación va más allá. La verdadera razón es el hombre que se encuentra compartiendo el mismo aire que yo.

Robert está usando el antiguo despacho de mi padre en el piso de abajo. Ese lugar quedó totalmente clausurado para mí luego de que se fuera, aún podía recordarme a mi misma sentada sobre las piernas de papá mientras él leía un montón de papeles que yo no entendía y solo los veía como hojas en blanco que necesitaban ser coloreadas.
Sin embargo, a mamá le pareció una buena idea darle nuevamente un uso a ese lugar y lo ofreció de buenas a primeras para su novio.

Me alegré por ella, le estaba costando cada vez menos soltar cosas de papá y ahora se la veía más fresca, más relajada.

Sí, me había equivocado con Robert.

Aún así, no me emocionaba ni un poco tener que sentarme a charlar con él, nuestra mínima convivencia iba bien, pero no tenía intención alguna de sentarme y escuchar lo que sea que quisiera decirme.

Así que en total silencio y con cuidado bajé a la cocina para buscar leche y cereal, no podía seguir muriendo de hambre.

La tarea era simple:

1) Sacar la leche de la nevera, ponerla en un bol y agregar el cereal.

2) Volver a subir las escaleras y hacer como que nunca ocurrió nada.

¿El obstáculo?

Qué yo era Shelley Lanford Pérez y todo debía salirme mal porque el universo, los astros y todo lo que está arriba me detestan. Lo comprobé cuándo me tropecé saliendo de la cocina, acción que llevó a que la leche se derramara por todo el piso junto con el cereal ¿final perfecto? Cómo iba sin zapatos me resbalé y caí de culo en el suelo.

-¡Joder!- Digo sobandome mis pobres posaderas, eso dolió.

No hubo silencio que valiera, en cuanto intento levantarme para recoger el desastre aparece Robert y me mira con el signo de interrogación estampado en la frente.

Lo qué faltaba.

-¿Estás bien?- Pregunta apenas me levanto del suelo con el cabello cubriendo toda mi cara.

-Estupendamente- sonrío de forma irónica y termino de recoger los restos del cereal, hecho todo con la escoba a la basura.

Total, ni quería comer.

-Pensé que estabais estudiando ¿terminaste?- se le ilumina la mirada.

-La verdad es que no, solo bajé a tomar una merienda pero no resultó nada bien.

Él se ríe y se pasa la mano por su cabello marrón como si estuviera avergonzado y tratando de buscar las palabras correctas para...

Ay no.

¿Y si somos fugaces como estrellas?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora