Capítulo 22:La fiesta parte 1.

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Evander.

A pasado una semana desde que Delia me contó lo de su embarazo y las cosas no han resultado bien.

Aún no concibo la idea de que dentro de ella están creciendo dos seres que en unos meses verán la luz de sol. Cada que la veo no puedo evitar desviar la mirada hasta su vientre que día tras día crece más.

O estoy demasiado psicótico que lo veo así.

No la hemos pasado bien.

Y no soy el único. Mis padres desaprobaron completamente la situación hasta el punto que mamá amenazó con echar a Delia de la casa por su metida de pata y desde entonces el aire se ha vuelto pesado e incluso asfixiante.

Delia cometió un error enorme, entiendo que mamá esté molesta pero joder, no debió tratarla cómo lo hizo.


Desde esa noche las cosas están aún más tensas, mis padres, ya de por sí inexistentes han decidido ignorarnos ahora sí por completo.

Mamá estalló en gritos cargados de cólera, no quiso escuchar las explicaciones que le di. Solo seguía repitiendo una y otra vez que mi hermana debía irse, ella no quería niños en su casa.

No nos quiere ni a nosotros aquí, solo que no lo admite; pero yo lo sé, lo leo en su mirada. Está harta de nosotros.

Es mi culpa.

La voz destructiva vuelve como un murmullo a mí oído y me dice que no soy suficiente, pasó tiempo, sí. Pero no fue tanto como para enmendar mi error.

Nada lo hará, estás destinado a llevar esa diana en el cuello.

Cierro los ojos con la impotencia que me toma.

Lo odio, lo odio.

Papá tomó la decisión de no expulsar a Delia de nuestras vidas como si nada. Ella permanecerá durante su gestación en casa, luego ambos nos iremos a una de las propiedades de mi padre. Nos la ha regalado, no por compasión ni nada parecido; lo hizo porque sabía que al expulsar a su hija la gente hablaría, los juzgaría. Cosa que no podía permitirse.

La reputación ante la sociedad es lo primordial.

Una de las hermanas de mi madre vendrá con nosotros por un tiempo.

Luego cada quién por su lado, fingiendo que no existimos.

Me gustaría que mis padres nos viesen diferente, que volviéramos a ser la familia unida que recuerdo de mi niñez, ¿qué tanto puede el dolor destruir a una familia? Mucho. Esa respuesta y saber que yo fui el que ocasionó todo no hace más que recordarme que fue mi culpa; Delia por el contrario opina que yo no tengo nada que ver con lo que pasó, pero si no me hubiese subido a ese auto años atrás, ella estaría bien, seríamos los mismo de antes, mis padres no me odiarían en secreto por arrebatarles su luz.

Nada de esto hubiese pasado si solo...

Torpe, torpe, torpe.

El tumulto de emociones me ahoga, ya lo veo venir; siento cómo empiezo a sudar frío, cómo mis ojos se llenan de lágrimas, mis manos tiemblan.

¿Y si somos fugaces como estrellas?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora