Capítulo 10. ¡Día de...!

111 26 49
                                        

Me gusta la lluvia.

El olor a tierra mojada no me parece desagradable, es más, el sonido de las gotas golpear la ventana con fuerza me relaja y sobre todo si es de noche.

Aquí sentada en la sala terminando mi hamburguesa y el...Café, me siento bien.

¿A parado un poco la lluvia en el rato que llevo aquí?

No, el clima solo ha empeorado tal como dijo mamá,  los truenos son más fuertes cada vez y los rayos iluminan la calle  bañada en oscuridad que se defiende solo con la tenue luz de los faroles.

Después de ver la película y descansar de tanto que nos reímos mientras esta continuaba,  decidí lavar los platos.

Momento de buena Samaritana.

Cállate.

Evander fue a ordenar la sala y a buscar algo; al cabo de unos minutos se detiene cerca de mí con una pijama rosa en su mano.

-Es de Delia, ya es tarde... pensé que querrías ponerte algo más abrigador, lo último que necesito es que te mueras de neumonía en mi sala.

Cierto,  ponerme un short y una camisa holgada con solo una chaqueta encima que lo último que hace es mantenerte caliente no fue tan buena idea.

Además, no quiero morir en su sala.

Eso no tendría ni clase ni estilo.

Aquí adentro está bastante tibio,  pero no me molestaría usar algo más cómodo.

-Claro, espero que a ella no le moleste.

Miro el conjunto de pijama rosa que tengo y sonrío para mis adentros.

Delia con esto es la oveja rosa de la familia.

-Tranquila, sé que no le importará, la verdad creo que nunca a usado ese conjunto chillón en su vida y dudo mucho que lo haga. Ve a ducharte en el baño que está al final del pasillo hay toallas allá , después si quieres pasas por mi habitación, nos podemos sentar en el tejado.

-¿No se supone que la idea de estar aquí adentro lejos del diluvio que tenemos afuera es, precisamente no salir?

-Bueno sí,  pero anda no nos vamos a mojar.

-Espero que sea así, no quiero tener que comprar otro pijama para tu hermana porque este lo haya manchado con quién sabe que cosas que puedan haber allá arriba a esta hora.

Termino con los platos, me aseo  en el baño, es bastante tarde ya, pero aun puedo esperar para ir a casa. Subo a su habitación y lo veo con una camisa negra y pantalones cortos; la idea de sentarme en el tejado mientras llueve como si el Zeus estuviera enojado con nosotros no me parece la más sensata, pero él me hace reconsiderar la idea con esa estúpida sonrisa de niño Potter que posee.

-Me encanta sentarme aquí cuando llueve. -Dice cuando con dificultad me siento a su lado, me pasa una cerveza. –Lo prometí–La acepto–La lluvia es magnífica.

-Tienes razón. -Me estremezco cuando una ráfaga de viento nos azota. -Pero me gusta más cuándo está estrellado.

-Ese también es bello, el cielo en si es magnífico. -Dice. Agradezco que por seguirle la corriente no termine con el culo mojado, ya que lo pensó bien y puso una colcha para evitar eso, aunque de igual forma gotas nos llegan a la cara.

–Supongo que sí.–Me dedico a recorrerlo con la mirada, su piel clara, sus ojos perdidos en el vacío, su cabello mojado, una gota de agua le cae del cabello, baja por su nariz y muere en sus labios, esos que se me antojan provocadores,  son  finos pero tampoco tanto.

¿Y si somos fugaces como estrellas?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora