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Sasha y Marcy no se veían todos los días, porque los fines de semana, la mayor debía asistir a una de sus actividades con sus amigas.

Sasha asistía a un pequeño club de basketball con Ivy y Anne.

Entrenaban los sábados y jugaban todos los domingos.

Se sentía muy a gusto allí, pero no había experimentado tal emoción como cuando Marcy apareció mágicamente en uno de sus juegos.

Había llegado con sus padres justo antes de que el juego comenzara y buscó a la mayor con la mirada por toda la cancha hasta que la encontró por su inconfundible color de cabello.

Sasha anotó una canasta casi enseguida.

Marcy aplaudió contenta y gritó ánimos para la mayor.

— ¡Vamos, Sashy!.

La chica de cabellos rubios se volteó y vio la sonrisa de la pequeña Marcy. Esa sonrisa hermosa, sólo para ella. Su mejor amiga había llegado allí sólo para apoyarla.

Y desde ese momento, jugó con más ganas que cualquier otro partido. Y anotó muchas veces más.

Estaba demasiado feliz.

El equipo de Sasha ganó y clasificó al campeonato de la ciudad.

Los padres de ambas jóvenes las llevaron a comer helado, a la tienda que tenía un pingüino gigante afuera.

Marcy molestó a Sasha porque el helado sabor de vainilla tenía casi el mismo color de su cabello.

Definitivamente, Marcy era la luz de los días de Sasha.

Definitivamente, Marcy era la luz de los días de Sasha

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Pasitos de Pingüino | SasharcyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora