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Sasha era una chica de 17 años con gustos comunes para alguien de su edad.

Por eso, después de un tiempo, su relación con Marcy se fué distanciando poco a poco.

Sasha salía más con sus amigas a fiestas y juntas, mientras Marcy volvía a su estado asocial otra vez.

La pequeña pelinegra no tenía a nadie más, Terri iba a verla cuando tenía tiempo. Veían películas juntas pero no era lo mismo que estar con Sasha .

Lo peor era que Marcy no sabía como decirle a Sasha lo que estaba sintiendo.

Se veían tan pocas veces ahora, y no encontraba el momento para decirselo.

Creía que ya no le importaba a la mayor.

Los días fueron pasando.

Marcy marcaba en su calendario los días que Sasha vendría a casa, eran poquitos. Cada uno tenía un sticker de un pingüino pequeño.

Pero la mayor a penas y le prestaba atención.

Marcy estaba triste.

Se cansó de la situación con rapidez, su madre le decía que cuando uno quería mucho algo, hacía lo que fuera necesario para conseguirlo. Así que un día, mientras estaban sentadas en el sillón viendo caricaturas, Marcy tomó aire y se armó de valor para hacer lo que tenía pensado.

Sasha iba a pararse para ir a su casa, pero Marcy estiró los brazos y abrazó su cuerpo justo antes de que la mayor pudiera hacer algo.

La de cabellos rubios quedó sin respiración por un segundo.

— Mar-Mar, tú...

— No te vayas, por favor, Sashy... No quiero que dejes de ser mi amiga... —La pelinegra estaba llorando, soltando toda su angustia y sintiendo el miedo y ansiedad recorrer su cuerpo, mas no le importó. Trató de ser valiente.

Y Sasha comprendió que sí sabía que estaba alejándose de Marcy , pero era para evitar exactamente lo que estaba sintiendo en ese momento.

Supo que ya no quería a Marcy como una amiga, en realidad, la quería como algo más.

Supo que ya no quería a Marcy como una amiga, en realidad, la quería como algo más

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Pasitos de Pingüino | SasharcyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora