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Una joven bajita se acercaba corriendo a otra que estaba parada en medio de la vacia estación del tren.

—Tengo muy buenas noticias, Sashy.

En cuanto la otra le mostró el papel de su diagnóstico, Sasha reaccionó como si hubiera encontrado la respuesta de todos los problemas del mundo.

Estaba tan feliz, demasiado feliz.

Era la primera vez, según Marcy, que Sasha sonreía tanto que sus ojos parecían dos rayitas hechas con marcador.

Y le gustaba mucho.

La alta se acercó lo más que pudo a Marcy, le dio igual que alguien llegara y las viera, y llenó la carita de la de cabellos negros con besitos.

Sasha jamás pensó que podría llegar a amar tanto a alguien.

Y aprovechó el momento para llevarse a Marcy a algún lugar, quizá a comer o algo porque quería celebrar.

La alemana creía, ahora más que nunca, que Marcy se merecía ese tipo de felicidad y mucha más. Porque era una chica con un corazón demasiado bonito.

Era todo lo que le faltaba a Sasha en la vida, era el pingüino que se había ganado su pingüi-corazón. Y al que iba a estar amarrada por siempre de amor.

Nunca sería capaz de imaginarse un mundo sin la chica sonriente que tenía en ese instante a su lado, no podría vivir sin sentir la calidez de su alma junto a la suya.

chillé con el pingüi-corazón

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chillé con el pingüi-corazón

Pasitos de Pingüino | SasharcyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora