Capítulo 17

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Tal y como habían dicho, después de desayunar Olympia publicó en su Instagram que solo se trataba de una fake news, que ella se encontraba mejor que nunca de vacaciones. Miles de comentarios llegaron al instante, muchos criticando a los medios de comunicación y otros tantos deseándole unas buenas vacaciones. Se sintió aliviada casi al instante.

—Tenemos que deshacernos de esto —suspiró, bloqueando su teléfono para extraerle la tarjeta—. No, mejor vamos a deshacernos de todo, no necesito un teléfono para ser feliz, estoy en un momento de mi vida donde ser influencer es lo que menos me importa. Quiero disfrutar de la realidad y no de las redes sociales.

Zabdiel esbozó una sonrisa tomando el teléfono con sus manos y asintió ligeramente sabiendo que lo siguiente que debían hacer era prenderle fuego. En las películas estaba normalizado eso de tirarlo al mar, pero el agua no servía de nada, los datos podían recuperarse siempre y cuando estuviera a manos de un profesional. Ella quería olvidarse por completo de absolutamente todo así que esa era la opción fácil.

—¿No es mejor esperar a la noche? Pueden tacharnos de raros si encendemos una fogata en plena luz del día.

—Esto es Grecia y todos aquí son turistas, le podemos decir cualquiera tontería como que es una tradición y se lo creerían muy fácil —argumentó para restarle importancia—. O podemos hacerlo donde nadie nos vea, que es la opción aburrida.

—Aburrida pero segura.

Tardaron en ponerse de acuerdo pero decidieron que por su seguridad lo harían en algún lugar escondido de la isla donde los turistas no llegarían, a esas horas seguro que andaban dando paseos o bañándose en el mar, no había riesgo de que los vieran quemando un teléfono y una tarjeta.

Se pusieron en marcha, intentando ser disimulados y nada más llegar se sentaron en las limpias rocas. Zabdiel sacó de su bolsillo un mechero y se la arreglo para hacer fuego y después tirar en este el teléfono de la princesa junto a su tarjeta.

—Ahora la bancaria —señaló.

—¿Seguro que es necesaria? No quiero depender de tu dinero.

—Tómalo como un regalito, tú ya te encargaste del viaje y del hotel —tocó la punta de su nariz con su dedo índice—. No tengo tu mismo poder adquisitivo, pero te aseguro que no estoy en la ruina y que no me voy a quedar en números rojos con facilidad, no eres la única con dinero.

—No sabía que como guardaespaldas se ganaba tanto dinero como para alardear de ello.

—Nadie dijo que fuera de esto —señaló con diversión—. Hay muchas maneras de ganar dinero en esta vida, Olly.

La rubia abrió los ojos en grande ante la idea que flotó por su cabeza durante unos instantes. El chico era guapo, tenía un cuerpo de infarto y a cualquiera con ojos en la cara le llamaría la atención. Si tenía dinero en abundancia era porque se lo había ganado de una manera u otra.

—¿Te prostituías? —la pregunta salió de sus labios casi con incredulidad.

Zabdiel la observó de la misma manera antes de que de sus labios se escapara una carcajada que resonó en el lugar. ¿Eso era la primera en lo que pensaba una persona cuando le decía que tenía dinero o es que la mente de la princesa no podía ver más allá?

—En la prostitución se gana poco dinero, no te dejes engañar.

—Entonces te prostituías mucho.

—No me prostituía —señaló, mordiéndose el labio inferior para evitar que otra risa se le escapara—. Nunca lo hice ni tampoco lo haría, si follo es porque quiero y no porque me paguen, de lo contrario ya me estarías debiendo dinero, ¿no crees?

El alivio en su rostro fue más que notable, haciéndole reír de nuevo, a veces tenía ideas descabelladas y esa se había pasado bastante.

Prostituirse. ¿En que momento pudo llegar a pensar que alguien como él necesitaba llegar a esos extremos para ganar dinero?

Su padre lo tenía a montones, desde luego, y era dinero del malo, de ese que se consigue con sangre y no con sudor. Nunca quiso interferir en sus negocios, su padre luchaba para mantenerlo lejos y él no hizo el más mínimo esfuerzo por acercarse, por mucho que en el fondo supiera toda la verdad. Había secretos que efectivamente era mejor mantener callados y que no salieran a la luz, de lo contrario el mundo estaría perdido.

—Fue un alivio que quisieras irte —susurró, casi sin darse cuenta—. Tienes razón en muchas cosas y la realeza no está en su mejor momento, de hecho podríamos decir que está en el peor desde hace miles de años donde la monarquía era el mayor poder de un país, a día de hoy casi que está de adorno.

—¿Qué quieres decir con eso? A veces eres raro y sueltas cosas que me fríen las neuronas y aún así me siguen dejando tonta.

Se mordió la lengua para evitar hacer algún comentario de que era rubia natural, neuronas ya había de tener pocas y no valía la pena freír las que tenía, era un peligro para su escasa inteligencia.

No era momento para bromas de ese estilo, estaban en un momento serio.

—Quiero decir que se está desatando una guerra de poderes e intereses que inició en Reino Unido y no está tardando en expandirse por los demás países en donde todavía sigue vigente la realeza —señaló, siendo consciente de que era información confidencial y no debía de ir soltándola así sin más.

Pero bueno, ¿a quien había de decírselo si estaban ellos dos solos en una isla poco conocida de Grecia que solo visitaban turistas?

—¿Cuál es la necesidad de eso...?

—En las guerras nunca hay necesidades, solo gente poderosa a la que no le importa lo que se lleve por delante —simplificó, bajando la mirada a la pequeña fogata donde todo comenzaba a desintegrarse, la tarjeta bancaria incluida y en esta todo el dinero que no podría recuperar hasta volver a su lugar de origen.

Miles de dudas volvieron a atormentar la mente de Olympia, ella sabía que no estaba paranoica y de solo pensar que ese chico decía lo que le convenía y no todo lo que sabía se le ponían los pelos de punta.

¿Hasta qué punto era correcto todo lo que estaba haciendo?

Una princesa idealDonde viven las historias. Descúbrelo ahora