Olympia imitó después la acción con su guardaespaldas, disfrutando de acariciar sus músculos con la excusa de echarle la crema solar, no iba a negar que le encantaba aquello y que se ofrecía voluntaria para ir a la playa todos los días para repetirlo.
—Si no estuviéramos en Grecia estaría haciendo topless —indicó la rubia, soltando un resoplido que llamó la atención de Zabdiel.
Él alzó ambas cejas, sabiendo que no habría nada más tentador que ver a la princesa sin la parte de arriba de su bikini, pero contuvo todo lo que se moría por decirle. Estaba trabajando.
—¿Y por qué en Grecia no?
—Porque sería un escándalo que alguien me viese las tetas, mañana no habría otra cosa de la que hablar.
—Olly, verte las tetas es un escándalo —señaló—. Da igual si es en Grecia o en China porque tú eres un escándalo.
Ella se carcajeó nada más escuchando y lo miró con cierto aire de interés. No todos los días te decían que eras un escándalo y que tus tetas también lo eran.
—Los chinos estarían fascinados, no escandalizados.
—Bueno, los griegos también, no vayas a creer que se taparían los ojos —sonrió de lado y se quitó las gafas de sol para mirarla—. Es más, no creo que existan personas más fascinadas.
—Bueno, existes tú —lo apuntó con su dedo índice, mordiéndose el labio al mismo tiempo.
—¿Qué insinúas, Olly? ¿Qué quiero verte las tetas?
—Que te quedarías fascinado si las vieras —corrigió, chasqueando sus dedos en el aire.
—Cualquiera lo haría... Pero si, yo sobre todo –asintió con la cabeza. Olympia sonrió de oreja a oreja y llevó sus manos a los rojos cordones que se ataban en su espalda para deshacer el nudo que había hecho con ellos, al conseguirlo dejó caer la prenda pero Zabdiel fue rápido en impedir que se viera algo—. ¿Estás loca?
—¡Oh, vamos! Solo quiero hacer topless, hay una veintena de mujeres que están en mi misma situación y a ellas no las estás tapando —se quejó.
—Porque me importan muy poco, pero tú... —aclaró su garganta—. Maldición, solo vuélvete a poner eso, como acabas de decir sería un escándalo y tú eres una princesa ideal.
—Yo era una princesa ideal —recalcó el tiempo pasando antes de apartarlo—. Ya no lo soy, así que si hago un escándalo que sea por mis tetas y no por casarme con un idiota.
Zabdiel se quedó con las palabras en la boca cuando la princesa se giró y dejó a la vista sus firmes pechos, con sus brillantes pezones erectos de un color rosa pálido como no había visto antes. El aire se le quedó atorado en los pulmones y fue difícil volver a retomar su función para respirar.
Era hermosa. Eso ya lo había visto antes, pero ahora se estaba permitiendo darle un recorrido visual a su cuerpo. Era de tez pálida, cuerpo delgado, cintura pequeña, piernas largas y finas... Todo lo que a Zabdiel le volvía loco.
—¿Fascinado? —preguntó ella, queriendo burlarse de su estado, pero siendo sincera estaba tentada por esa lasciva mirada que le había echado a su cuerpo.
—Fascinado se queda corto —admitió, llevando su mirada a los ojos de la joven, intentado disimular como pasó saliva por su garganta.
Pero no fue el único en tal estado, un grupo de chavales que estaban jugando al voley playa detuvieron el juego para centrar su atención en la rubia. Uno de ellos, tras consultarlo con sus amigos, se acercó con buenas intenciones para invitarla a jugar con ellos pero por la mirada de Zabdiel se vio obligado a retroceder e invitar a otro a que fuera en su lugar.
—¡Hola, guapa! —saludó el rubio, dejando la pelota debajo de su brazo, sonriendo como un modelo en un anuncio de dentífrico.
—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó ella, dándole una mirada de soslayo.
—En realidad si, mis amigos y yo te hemos visto y queríamos invitarte a jugar con nosotros —la animó—. Venga, será divertido.
—Sin ánimo de ofender, pero he venido para tomar el sol con mi amigo, no me apetece demasiado jugar y terminar cubierta de arena.
—Para eso último hay solución, siempre puedes darte después un chapuzón con nosotros —le sugirió.
Olympia contuvo una risa que trepó por su garganta y le sonrió con educación, luego lo examinó y dedujo que más o menos tendría la edad de uno de sus hermanos menores, en otra ocasión quizá habría aceptado pero no en esa, además iba acompañada y no dejaría a Zabdiel allí para que mirase para ella.
—Gracias por la invitación, pero me temo que voy a rechazarla —masculló antes de dar un asentimiento con la cabeza.
El chico se fue resignado, solo había conseguido verla de cerca, que era incluso mejor que verla de lejos, pero no pudo arrastrarla consigo al juego. Tal vez no era tan bueno en las técnicas de seducción como creía.
—Le acabas de romper el corazón a ese pobre chico —insinuó el guardaespaldas, acomodándose en su tumbona.
—Ese chico estaba pensando con la polla porque en su vida ha visto a una mujer sin ropa, no lo culpes por haberse metido en esto —rio ella, negando con la cabeza mientras se volvía a poner bien las gafas de sol—. Ahora estará desilusionado, pero es mejor así, que se busque a una de su edad.
—Que poco tacto estás teniendo, ¿eh? —soltó una risa mientras pasaba su brazo por su frente—. Princesa, me parece a mí que la realeza nunca fue contigo.
Ella hizo un gesto para restarle importancia y después se levantó para extenderle la mano.
—¿No te apetece un bañito?
—Se lo acabas de rechazar a ese chaval.
—Si, porque me apetece ir al mar contigo, no con él —murmuró con obviedad—. Aunque si no quieres puedo ir sola, no me voy a perder.
—Cállate —pidió al tomar su mano para levantarse y llevarla él mismo hasta el mar. Se quejó un poco ante la fría marea, pero él fue rápido en adentrarse por completo para que se acostumbraran al frío cuanto antes y después solo quedara la agradable sensación del agua cubriendo sus cuerpos.
Así.
En completa calma.
A veces esa era la solución para todos sus problemas.
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Una princesa ideal
Storie d'amoreOlympia era una hija ideal. Una hermana ideal. Una princesa ideal. Al menos hasta que se cansó de serlo.
