Capítulo 11 Part 2

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Observé el vestidor.

En cuclillas tome mi teléfono y desde la App de Citas llame al usuario.

—Ah..¿Hola?

—Diosa de las Citas. ¿Ocurrió algo?

—Disculpa. No especificaste un estilo así que me preguntaba si podría elegirlo yo—conté.

—Ah...eso no importa. Solo necesito a alguien que finja ser mi novia hoy, como estés vestida no es importante—concordó.

—Okay—sonreí complacida,—Estaré allí—colgué y baje el teléfono.

Me agaché frente el armario y saqué los zapatos de charol.

Me cambie en cuestión de minutos, observé a Bonnie dormir sobre mi cama. Tome mi bolso y salí del departamento.

{..}

Baje del taxi.
Y esté se marchó.

Saqué mi labial rosado para retocar y este cayó al suelo, me incliné y con el pie lo impulsé hacía delante.

Abrí mis ojos al ver cómo cayó a la alcantarilla.

—No...no...—me quejé,—No puede ser—lo ví a través de las rejas, hice una mueca.

Saqué mi pequeño espejo.

—¿Que voy hacer? Tengo dos citas en dos horas—observé el reloj,—Me veré pálida si no agrego labial.

Moví entre el bolso negro lleno de cosas innecesarias, observé el labial rojo que compré la semana pasada.

Lo tomé.

Lo abrí y dudosa lo observé.

{..}

—Gracias por acompañarme. Vendría sola de no ser por ti.

—La agradecida soy yo. Nunca salgo de casa—rió por lo bajo,—Ella debe ser una amiga importante para ti. Le compraste una chaqueta cara—contó Dada a mi costado saliendo de la tienda.

—Mhn—sonreí.

—¿Por qué no haces amigas en la universidad? Muchas chicas desean juntarse contigo.

—¿Que estás diciendo?—sonreí por su confianza repentina,—Nadie me habla.

—No es así. Todos intentan acercarse a ti pero siempre estás en tus asuntos. Eres como un repelente con la gente a tu alrededor—expresó libremente.

—¿Cuándo hice eso?—pregunté al no creer sus palabras y negué para mí sonriente.

—Ha sido siempre así. Incluso cuándo en el almuerzo estás sola siempre hay alguien intentando hablarte pero ni si quiera los miras y se marchan. Siempre quise preguntártelo—fue tímida.

—Yo también tengo una pregunta para tí—confesé a su costado.

—¿En serio? ¿Que es? Puedes preguntarlo.
Lo que sea—se emocionó.

—¿De verdad te gusta ser la presidenta de la clase? ¿no es abrumador?

—¿Que dices?—se desconcertó.

—Ya sabes, ir detrás de los estudiantes diciendo esto y aquello. ¿Seguirás así hasta graduarte? Debe ser agotador. Lo pensé así.

—Pero no soy la presidenta de la clase...

Diosa de las citas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora