{..}
Abrí la puerta de la biblioteca y observé a mi alrededor. Había sólo estudiantes haciendo sus tareas y trabajando. Un poco molesta suspiré
¿Dónde se metió?
Saqué mi teléfono del bolso y lo llamé, de pronto mi vista lo captó sentado ojeando un libro.
Sonreí irónica.
Hace bien su papel.
Colgué y me dirigí a él.
Dejé mi bolso sobre la mesa llamando su atención, su vista subió a mí,—Comencemos. Mi tiempo vale oro—señalé a mi reloj, trate de sonreír pero fue en vano.
—Estás de mal humor—lo notó y me senté.
—¿Lees o sólo pretendes?
—No. Aprendo y adquiero conocimiento. Mi tiempo también vale oro y aprovecho hasta el mínimo segundo—presumió.
—Bien. Entonces no lo perdamos.
Sonrió y cerró su libro.
Deslizo la hoja sobre la mesa frente a mi con treinta palabras pretenciosas.
Un poco abrumada, lo observé y comencé a leerlas.
Hay todo un vocabulario con conceptos.
—¿Qué es esto?
—Debes prepararte. La gente con educación nota fácilmente cuando alguien no es del mismo nivel social con tan solo escuchar hablar a una persona. Estudia todas esas palabras, lo más importante es saber cuándo utilizarlas.
¿Cree que soy tan ignorante?
Mi vista subió a él y sonreí un poco descontenta.
—De acuerdo...—murmuré,—¿Algo más?
El se inclinó y dejó una bolsa de compras frente a la mesa.
—¿Que es?
—Creo que esos zapatos se verán bien en ti. Pruébatelos.
—¿Compraste zapatos sin saber si me quedarían?—me asombre,—Fuiste precipitado.
—¿Irías conmigo de habértelo pedido?
—Por supuesto que no—me negué.
—Shh—escuché alguien de la mesa detrás de nosotros.
—Debiste al menos preguntarlo por mensaje de texto...—baje mi voz y tome la bolsa.
Abrí la caja y trate de ocultar mi asombro por las zapatillas de fino tacón con suela roja, de punta fina y delgada. Un precioso dije en moño estaba en el centro de estas.
Esto debe ser una pieza ilimitada.
Giré a mi alrededor.
Si cambio mis zapatos aquí será raro, me levanté con la caja de zapatos.
—¿A donde vas?—preguntó.
—Las probaré —respondí seria y me dirigí por los pasillos de libros, me recargué sobre el estante entre los pasillos y me los probé.
Levanté mi pie y sonreí.
Me quedan un poco grandes pero son preciosas. Los moví en el airé.
Me encantan.
Escuché sus pasos y levanté mi vista al verlo en el pasillo, se recargó sobre el otro estante observándome.
—Son bonitos, ¿no?
—Mhn—mi rostro se volvió neutro.
—Tome foto a otros pares. ¿No quieres verlos?
—No, realmente no me interesa que usaré ese día—dije y me dirigí por el pasillo, al pasar por su costado mi pie se dobló pero él fue veloz y se aproximó a mí haciendo que mi peso cayera sobre su pecho.
ESTÁS LEYENDO
Diosa de las citas
Storie d'amoreUna extrovertida chica aspira convertirse en una ilustradora de webtoons. Por lo qué para pagar su matrícula universitaria, aprovechándose de su belleza, se alquila para novia momentánea a una base de reglas, su éxito en la App de citas la lleva a c...
