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Bajé del coche y el taxista apresurado bajó a cerrar la puerta.

—¡Señorita, tenga un buen día!

—Woah, ella es tan bonita—escuché decir a chicas decir a mis espaldas

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—Woah, ella es tan bonita—escuché decir a chicas decir a mis espaldas.

Continué con mi camino.

—¿Ella es una celebridad?

—Buenos días—saludo un chico.

—Oye, estoy a tu lado—replicó aparentemente su novia con quién hacía juego de ropa.

Me detuve a su costado, la chica me miró sorpresiva. Miré a su novio.

—¿Quieres mi número?

—¿Eh..?—titubeó él,—Ah, sí—sonrió nervioso. Miré a la chica molesta.

Está vez me dirigí a ella.

—Amiga, cómo inicio de año. ¿Por qué no cambias de novio?

Pasé por su costado y entré a la cafetería.

Chico de veintitantos cabello castaño ondulado, estilo hipster.

¿Dónde estás?

Lo busque con la mirada.

Logré ver un grupo de chicos jóvenes observarme, el objetivo sonrío y levantó su mano en el aire.

Detectado.

—¡Cariño!—me llamó.

Sonreí y me dirigí a él.

La regla número dos de nuevo

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La regla número dos de nuevo.

—Cariño, no respondías los mensajes—me quejé con voz aguda al llegar a su costado,—Te extrañé tanto. ¿Estuviste jugando videojuegos, verdad? ¿Son ellos más importantes para ti?

Él chico quedó en silencio tras mi buena improvisación los primeros segundos.

Sus amigos observaron la escena.

—Entonces...¿de verdad tienes una novia?

—Ella es hermosa.

—Sí..sí—tartamudeó el chico y sonrió alegre,—Llevamos tiempo saliendo—ajustó sus gafas.

—Ah...—se quejó uno por lo bajo,—Dios, el no mentía. Debimos detenernos, ahora tendremos que pagar—escuché decir a uno de los chicos.

—¿Como es posible?—titubeó uno de ellos.

—Y, ¿cuál es tu nombre? ¿Tienes alguna red social? Digo—rió nervioso,—Eres la novia de nuestro amigo, deberíamos agregarte.

—¿Amigo?—titubeó el chico que me contrató.

El chico evidentemente más apuesto que él que me contrató inclinó su teléfono hacía mí.

Es apuesto pero luce como un jugador de chicas, cariño. Juego de la misma manera pero recibo dinero por ello.

—Lo siento, no me interesa—con la palma de mi mano alejé el teléfono de mí,—Tan sólo tengo ojos para mí Young Min Si.

—¡Wooah!

—Siento envidia.

{..}

El chico de gafas sacó el dinero y me pagó los cincuenta dólares.

—Thank you—los tomé sonriente y le di la espalda para marcharme.

—Disculpa, ¿podría contactarte de nuevo?

Me detuve y giré hacía atrás para verlo.

—Regla número uno—repliqué seria, subí al taxi y me marché.

{..}

Llegué al departamento después de tres citas más, me quité las zapatillas, recogí mi cabello.

Toque mis mejillas y masajeé.

—Sonreír todo él día es agotador, mis mejillas incluso duelen.

Entré a la habitación.

Mira, todo este desastre.

Observé las zapatillas esparcidas, maquillaje, accesorio, pelucas, ropa botada sobre el suelo y colchón.

Tras terminar de recoger me acosté sobre la cama.

La puerta se abrió.

—He llegado—anunció mi compañera de departamento.

—Estás aquí—murmuré agotada.

Se asomó a la puerta de mi habitación entre abierta, observó alrededor.

—¿Estuviste aquí todo el día, cierto?

—No, tengo una vida agitada.

—Seguro—afirmó en sarcasmo,—Al menos deberías tomar un poco de airé libre y dejar que te de el sol—replicó y cerró la puerta.

Resoplé.

—De verdad tuve un día agotador, sólo quiero dormir—titubee soñolienta y me acomodé boca abajo.

Esto, es todos los días después de salir de la universidad.

Escuché como mi teléfono vibraba sobre el escritorio.

No importa la hora, o el día que fuera. Las notificaciones en mi teléfono llegaban unas tras otras.

Esa aplicación para conseguir pareja se había convertido en mi fuente de ingresos.

Mi vida es todo menos cotidiana y común.

Mi vida es todo menos cotidiana y común

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Diosa de las citas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora