Intimidades

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―Buenos días, papás, mamás, bebés. ―una sonrisa tonta acompañada de una carcajada generalizada de las personas que los rodeaban hicieron que Vegas pusiera los ojos en blanco, maldita la hora en que Pete encontró esa clase para bebés a unos minutos de la casa. ―Durante una semana nos veremos aquí todos los días y le enseñaremos a nuestros pequeños a socializar con otros niños, así como también les mostraremos a los padres como brindarles estimulación temprana que les divierta y ayude en su crecimiento. Pero primero, me gustaría que todos se presenten, iniciando por este lado. Su nombre y por qué están aquí, por favor.

Venecia estaba en brazos de Pete acomodado en su regazo entretenido con una pelota verde que logro alcanzar apenas entraron al gimnasio donde estaban sentados ahora. Pete miraba a las demás familias con una sonrisa educada y Vegas fruncía el ceño con cada nombre y razón para estar en esa clase, si fuera completamente honesto diría que estaba ahí porque Pete lo había obligado. Finalmente llegaron a ellos y la mujer de sonrisa molesta le miró esperando a que hablara, él miró a Pete esperando que él los presentara, pero el mocoso lo tenía distraído peleando por lanzarle la pelota al niño más cercano en la cabeza.

―Él es Pete, yo soy Vegas y el bebé es Venecia. Estamos aquí porque Venecia golpeo a un niño en la guardería con su juego de cucharones y la directora dijo que si no tomábamos este curso, lo echarían. ―explicó forzándose bastante a no reírse al recordar como el mocoso usaba los cucharones como un arma que estaba bien cargada y cualquiera que se acercara demasiado a tomar sus cosas, sufriría por haberse atrevido a llegar tan lejos.

Había hecho un chiste respecto a que estaba en sus genes y que era una tontería tratar de pelear contra ello, pero a Pete no le había agradado mucho el comentario.

La sonrisa de la mujer se fracturó en un instante, todos tenían historias cursis de querer pasar tiempo en familia y ayudar a los niños a hacer amigos, claramente su respuesta no era lo que esperaba, pero si fuera él cuestionaría más la sanidad mental de los que llevaban un bebé que no podía ni sentarse solo esperando a que hiciera amigos.

― ¿Ha convivido con otros niños antes? ―negaron los dos con la cabeza y Venecia soltó un suspiró cuando Pete le quitó la pelota finalmente. ― ¿Ustedes son sus padres?

―Claro, ¿Quién de los dos cree que lo dio a luz? ―el sarcasmo en su voz no le agradó en nada a la mujer y por el golpe de Pete en su hombro supo que se molestaría más tarde por ello.

―Somos sus padres, lo adoptamos. ―explicó Pete con esa sonrisa que forzaba para verse "normal", nadie creería que era un guardaespaldas retirado que fácilmente podría acabar con una docena de hombres si le daban oportunidad.

La mujer sonrió y asintió, aunque era obvio que no eran su familia favorita.

―No deben preocuparse demasiado, los niños que crecen sin tener a otros niños cerca para jugar a veces tienen problemas para socializar cuando entran a la escuela o en este caso a la guardería, en unos días verán el cambio en él. ―Pete asintió y Vegas pensó que no podía estar menos preocupado, prefería que el mocoso supiera defenderse incluso siendo tan pequeño.

Una vez terminaron las presentaciones el resto de las cuidadoras les dieron juguetes educativos para que los niños jugaran entre sí, mostrándole a los padres como utilizarlos de manera correcta y como enseñarle a los pequeños sin que los hicieran sentir mal por equivocarse.

―Deberíamos comprarle unos cubos como estos, tienen letras y números. ―murmuró Pete acomodándolos cerca de Venecia para ver que intentaba hacer con ellos, Vegas solo los miraba con las piernas cruzadas y la cabeza recargada en la palma de su mano con cansancio. De haber sabido que terminarían aquí, habría pensado mejor cuando Pete le preguntó si era buena idea mandarlo a la guardería o si debían dejarlo con las señoras de la primera familia.

Las aventuras de VegasPeteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora