El super

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Les tomo veinte minutos conseguir un carrito con porta bebé para Venecia, otros treinta minutos encontrar estacionamiento para la camioneta familiar que tanto odiaba y apenas dar un paso dentro de la tienda, vio las largas filas en las cajas, amenazando con una espera de al menos una hora.

No le gustaba ir al supermercado, había una señora en la casa encargada de las compras y las comidas, las pocas veces que tuvo que ir a la tienda era por cosas rápidas que no tomarían más de dos minutos, pero esa tarde Pete estaba decidido a hacer la despensa ellos mismos y no había nada que pudiera hacer para convencerlo de lo contrario.

Habían dejado a Macao en casa con el hermano de Porsche jugando algún videojuego en la sala y se suponía que ellos cuidarían a Venecia mientras regresaban, pero el mocoso había comenzado a llorar tan pronto vio a Pete alejarse y ahora estaban los tres en la inmensa tienda de comestibles.

―Hice una lista de lo que falta en la casa, empezaremos por allá y terminaremos con las frutas y verduras, para que no se maltraten debajo de todo lo demás. ―explicó Pete con una sonrisa dejándolo empujando el carrito, Venecia estaba más dormido que despierto, así que por primera vez no estaba llorando de solo verlo.

La primera parada fue el área de farmacia, Pete buscaba la formula de Venecia y él solo se recargaba en el carrito sin mucho interés, había lanzado una caja de condones a la canasta, ya casi no los usaban, pero prefería tenerlos a la mano cando Pete decidía que los necesitaban.

―Llevaré dos latas y dos paquetes de pañales. ―Vegas miró las cosas que Pete colocaba en el carro pensando en cómo podía ser la misma persona que apenas ayer había tenido que torturar a un tipo para sacarle información, mientras que ahora compraba pañales y leche para un bebé que apenas soportaba.

―Esos no son los pañales que siempre compras. ―murmuró odiando el saber eso.

―No, pero Venecia ya tiene seis meses. Debemos cambiar la talla. ―explicó Pete con simpleza y Vegas levantó una ceja mirando al bebé en la silla.

―Yo no lo veo más grande.

―Tú nunca le cambias los pañales. ―musitó poniéndole los ojos en blanco, una sonrisa se escondió en la comisura de sus labios, se disponía a discutir con él porque no cambiaba pañales, cuando Pete bajo la mirada al mocoso que ahora tenía los ojos bien abiertos. ― ¿Por qué Venecia está jugando con condones?

Vegas miro a Venecia con el ceño fruncido, estaba seguro de haber lanzado la caja a la canasta, pero ahí estaba el mocoso mordiendo sin dientes el paquete.

―No sé. ―respondió encogiéndose de hombros sin hacer al menos el intento de quitárselo, rara vez el bebé estaba cerca de él sin armar un escándalo, si eso lo entretenía él no se lo iba a quitar.

―Vegas. ―masculló Pete fulminándolo con la mirada. ―Quítale eso.

―Va a llorar y vamos a estar horas aquí con el mocoso llorando sin parar. ―murmuró negándose a hacerlo, Pete miro a Venecia rascarse las encías con el plástico y admitió para sí mismo que probablemente Vegas tenía razón. En especial si él iba a empujar el carrito todo el tiempo.

―Intenta quitárselo cuando se distraiga. ―suspiró señalando el siguiente pasillo.

Pete se perdió un instante entre un grupo de personas mientras buscaba los ingredientes para preparar el curry igual al de su abuela, dejándolo a solas con Venecia en el área de artículos de cocina.

Por algún milagro Venecia no noto la ausencia, así que Vegas pudo seguir buscando a Pete entre los pasillos sin que el bebé rompiera en llanto, hasta que se le cayeron los condones y los grandes pulmones que se cargaba hicieron aparición cuando estallo en un llanto desesperado.

Las aventuras de VegasPeteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora