Especial MacaoChay

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La fiesta era un bar en la zona más popular de la ciudad, entre varios grupos de la generación habían cooperado para rentar el lugar solo para ellos ya que nadie quería poner su casa para un evento con tantas personas. Nunca habían estado ahí, ni siquiera habían bebido alcohol propiamente antes de esa noche, pero tan pronto se reunieron con sus amigos olvidaron todo eso y aceptaron cada trago que paso frente a ellos.

Vegas le había advertido que no mezclara diferentes licores porque se embriagaría más rápido, el problema era que todo lo que le daban tenían nombres exóticos que no dejaban en claro que licor contenían, trato de preguntar en las primeras rondas, pero después de la tercera olvido por completo el tema y solo bebía a la par de Chay.

La música estaba tan alta que era difícil escucharse el uno al otro, así que recorrían el lugar agarrándole la muñeca al otro para evitar perderse, conocían a la mayoría de los presentes, pero debían regresar juntos a casa y estaban seguros de que si cualquiera de los dos hablaba a sus familiares para avisar que habían perdido al otro, todos sus amigos terminarían odiándolos cuando Porsche o Pete entraran por la puerta a detener la fiesta, seguidos por Kinn, Kim, Vegas y su sinfín de guardaespaldas, hasta dar con el que se hubiera extraviado.

Suficiente era que todos cuestionarían a que se dedicaba realmente su familia desde que Pete los había hecho ir a todas las juntas de la escuela.

Incluso tan confundidos como los tenía el alcohol, seguían respetando la regla de no moverse de lugar sin cerciorarse que el otro iba detrás de ellos, aun cuando sus amigos se burlaban de que parecían siameses pegados por la cadera yendo a todas partes juntos. En algún punto de las bromas terminaron cediendo a que una de las chicas los uniera de la cadera con lo primero que encontraron para atarlos, solo para probar que podían moverse perfectamente.

―Tienen que bajar las escaleras hasta la pista primero. ―exclamó un miembro del grupo mientras los otros les animaban, ambos adolescentes asintieron parándose al final de la escalera.

―No vayas muy rápido. ―musitó Macao mirando a Chay con seriedad, era un reto y no iban a perder ahora. Chay asintió mirando sus pies para dar cada paso al mismo tiempo, estaban cerca de lograrlo, les quedaban dos escalones, cuando un chico quiso pasar entre ellos enredándose con la cosa en su cintura jalándolos hasta que los tres dieron contra el piso.

Una escandalosa risa se escuchó desde arriba y Macao fulmino al desconocido mientras Chay se reía sin poder contenerse.

Quince minutos después un grupo de chicos bailaba en el escenario que el bar rentaba para cantar karaoke, entre ellos estaba el hermano de Porsche grabando con su teléfono repitiendo la letra a todo pulmón para subirlo a sus historias con la esperanza de que su novio finalmente viera alguna de todas las que subió durante las últimas horas.

Treinta minutos más tarde la historia seguía sin ser vista, pero no importaba porque Macao estaba bebiendo shots del ombligo de alguien que estaba seguro conocían de alguna parte.

Una hora después visitaron los baños para terminar tirados al lado de los lavabos viendo entrar y salir personas que los saludaban como si fueran amigos de toda la vida, mientras ambos trataban de recordar a que hora se suponía que debían llegar a casa.

― ¿Debemos ir a tu casa o a la mía? ―preguntó Chay mirando su teléfono que marcaba la una de la mañana.

―No sé, le preguntaré a Pete. ―murmuró Macao buscando su teléfono en sus bolsillos.

― ¡No! No podemos hablarle a Pete, va a acusarnos con Porsche por haber bebido. ―exclamó el pelinegro quitándole el celular en cuanto lo encontró en sus pantalones. ―Piensa ¿hiciste una maleta antes de salir de casa o la hice yo?

Las aventuras de VegasPeteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora