Tate Langdon

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Sentí una suave caricia en mi mejilla mojada, mi cuerpo se sentía inútil y débil. Lentamente abrí los ojos, todo estaba borroso. Pude ver la figura enterrada de una persona frente a mí. Mis ojos desenfocados vieron unos rizos rubios sueltos y ojos marrones familiares. Empezaron a mirarme con ilusión.

-Estoy feliz de que finalmente te hayas despertado, bebé -Su voz era en un tono bajo. Su mano volvió a bajar para mover los cabellos sueltos que cayeron cuando me desperté.

-¿Quién eres tú? -Dije en voz baja, mi voz era ligera y suave. Traté de no enloquecer porque estaba acostada junto a un extraño.

-¿Cómo te sientes? -Me preguntó ignorando mi pregunta. Mis cejas se torcieron en confusión.

-Estoy bien, supongo -Senté mi cuerpo en posición vertical mirando alrededor de la habitación con poca luz. No podía ver nada sin mis anteojos.

Sentí una mano cálida y suave entrar en contacto con mi brazo. Me estremecí ante su toque cálido y relajante. Mi cabeza giró en su dirección, sus ojos estaban puramente enfocados en mí y mis movimientos.

-¿Por qué estoy aquí? -Hice una pregunta con la esperanza de que no la ignorara como la última.

-Porque cariño, me perteneces, así que deberías estar a mi lado siempre que yo quiera -Le dijo casualmente a la joven que estaba a su lado mientras jugaba con sus mechones.

-N-no le pertenezco a nadie -Sacudió la cabeza con confusión, ni siquiera conocía al hombre-. Ni siquiera sé quién eres -Ella añadió a su razonamiento. El rubio a su lado agarró su cabello con más fuerza al escuchar esas palabras de su pertenencia.

-No digas eso, sabes que no es verdad -Agarró las mejillas de la chica con sus manos aplastándolas haciéndola hacer un puchero en su pequeño rostro. La miró a los ojos por algo, su rostro era lo más admirable que jamás había visto en ella. Desde sus hermosos ojos verdes hasta sus abstractos labios rosados ​​y regordetes. Estaba nerviosa por su cercanía, él podía verlo en el cuarto oscuro.

-¿Quién eres tú? -Su voz era más fuerte tratando de que él respondiera a su pregunta.

-Me duele que no recuerdes quién soy, especialmente con nuestro pasado -Dejó escapar un largo suspiro y soltó sus mejillas rosadas.

La niña se sintió confundida, sabía que reconocía esos ojos marrones borrosos de algún lado, pero su mente se mantuvo en blanco. Él notó su confusión y se sintió triste porque ella no lo recordaba a pesar de que nunca podría olvidarla.

-Soy Tate, Tate Langdon -Finalmente le dijo a la chica de ojos muy abiertos frente a él. Se acercó al chico y tomó su rostro entre sus manos.

Revisó sus facciones nuevamente con dificultad y notó como su cabello ahora era mucho más corto pero aún tenía pequeños rizos en las puntas.

Se dio cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro, estaban a centímetros de distancia. Su aliento se abanicaba sobre su rostro. Sus ojos la miraron y luego bajaron hasta sus labios agrietados. Parecían estar cada vez más cerca en cada segundo. Su mano se deslizó por su cintura atrayendo a la chica más cerca de él. Su corazón latía con fuerza ante la proximidad.

No puedo hacer esto.

Tosió y se alejó de Tate sintiéndose muy incómoda. Él frunció el ceño y en sus acciones anhelaba su toque porque la única vez que lo conseguiría sería una vez al año en Halloween cuando ella estaba dormida.

-¿Así que me recuerdas? -Preguntó, sus ojos se apartaron de sus labios.

-Oh, sí, lo recuerdo, ¿Dónde están mis anteojos? -En su cabeza, estaba tratando de encontrar una manera de escapar de esta casa. Podía recordar cómo solía ir a terapia con su padre y luego comenzaron a salir un poco después de eso, pero cuando su padre se enteró, dejó de ayudarlo y les prohibió salir. Lo que hizo que se mudaran después de que su padre comenzara a ponerse paranoico. Conocí a Tate cuando solía venir a la casa en busca de ayuda.

𝐑𝐀𝐍𝐃𝐎𝐌Donde viven las historias. Descúbrelo ahora