Capítulo 26.- El silencio de tu ausencia

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Los personajes de Bleach son de Tite Kubo.

Historia inspirada en la película mexicana "Negro es mi color" (1951)


EL AMOR NO TIENE COLOR.

 

CAPÍTULO VEINTISÉIS.-  EL SILENCIO DE TU AUSENCIA.


Él tocó a la puerta del  cuarto de hospital y al no escuchar contestación giró la perilla para entrar, con pasos silenciosos se acercó a la cama donde se encontraba una muchacha dormida, con tristeza notó como su rostro antes alegre, jovial, lleno de vida, ahora estaba muy pálido y demacrado,  sus labios ahora eran blancos y resecos y sus ojos estaban un poco hundidos y ojerosos. Su cabello antes sedoso, largo y brilloso y del cual ella se sentía orgullosa, ahora ya no estaba.


Le dolió en el alma verla así, si hubiera podido en ese instante le habría regalado toda la sangre de su cuerpo, todo con tal de verla de nuevo llena de vida y alegría.


Acarició su mejilla con mucho cuidado, como si se tratara de una burbuja de jabón que al mínimo contacto  podría desaparecer. Ella al sentir su caricia abrió sus ojos lentamente y esbozó una pequeña sonrisa, ya no tenía fuerzas, pero para él siempre sonreiría.


―Pensé que... no vendrías...hoy. ―le dijo dificultosamente y casi en un susurró.

―No importa lo que pase, nunca faltaría a mi promesa de venir a verte todos los días. ―le dijo tomando su pequeña mano entre las suyas, ella lo apretó con fuerza, con la fuerza que su débil cuerpo le permitía.

―Tenía miedo de que... hoy fuera el día y que... no pudiera verte. ―le dijo ella.

―No digas eso, te pondrás bien. ―le dijo él tratando de infundirle ánimos. ―Sólo es cuestión de un par de días para que el medicamento haga efecto.


―Sí. ―dijo ella tratando de sonreír. No lo quería preocupar ni poner más triste, pero sabía que no tenía un mañana, y lo que más le dolía era que sin ella, ellos se quedarían solos y distanciados. ―Necesito pedirte algo. ―le dijo seria. ―pero quiero que me prometas que lo harás porque es mi... última voluntad.

Él dudó en contestar, pero no le podía negar nada, y menos en ese estado, porque por mucho que se negaba a aceptarlo, algo dentro de él le decía que a ella no le quedaba mucho tiempo de vida, así que se dedicaría a hacerla feliz por el tiempo que le quedara junto a él.


―Te prometo que haré lo que me pidas. ―le dijo él viéndola a los ojos. Ella sonrió un poco al sentirse confiada de que al menos ahora ellos tendrían a alguien en quien apoyarse cuando ella faltara.


―Entonces prométeme que....

.

.


Se despertó sin necesidad de la alarma y se incorporó rápidamente en la cama, tenía una sensación de angustia y tristeza, como siempre que soñaba, no, más bien como siempre que recordaba aquel día en que su destino cambio, aquel día que perdió la oportunidad de ser feliz. Se llevó la mano a la frente y notó que estaba sudando. Estiró la mano para alcanzar el reloj sobre el buró y después de tomarlo programó de nuevo la alarma.

El amor no tiene colorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora