Ayuda tardía y tiempo a solas

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Sangre...

Jamás olvidaría la sensación cálida y espesa de la sangre en su rostro, los pequeños vidrios rotos incrustados en sus pequeños brazos y rostro, el olor a gasolina inundando el auto.

El miedo en aquel pequeño era tan evidente como el sol en la mañana, después de todo, frente a él tenía una horrorosa y traumática vista...

Dos adultos, el hombre que iba en el volante, con sangre brotando de su cabeza, y la mujer a su izquierda, terminó peor que el hombre, cortadas y un trozo de metal incrustado en su pecho. A su lado se encontraba una pequeña niña inconsciente e ignorante de la situación en la que estaba ahora...

El niño podía oír la pesada respiración de la mujer, además de un susurro que parecía ser lo último de su aliento, llamándolo...

Intentó hablarle, llamarle, pero no respondía. Gruesas líneas de lágrimas rodaban por sus mejillas, gritaba por ambos adultos pero ninguno de ellos respondía...

???: ...ko...to...

Los gritos le dolían, estaba mareado por el olor de la gasolina. El chico no se percató de que la mujer dejó de respirar, pero aún así seguía llamándola. Pudo notar una lágrima mezclada con sangre recorriendo su mejilla...

???: ¡M... oto...¡ ¡Ma... o...!

El sonido de las sirenas inundaban sus oídos, siluetas negras parecían querer llevárselo junto a la niña a su derecha. ¿Hacia dónde? Él no lo sabía...

???: ¡¡¡POR FAVOR DESPIERTA, MA-KUN!!

Respirando pesadamente, como si hubiese salido del fondo de una piscina, un joven de cabello castaño se levantó de golpe al sentir que se asfixiaba...

Despertó en un cuarto que reconocía y a su vez no, la confusión aún estaba presente junto con el amargo recuerdo del sueño que tuvo. Sin embargo eso dejó de importar cuando sintió el cálido abrazo de una chica de cabellos negros y rostro pecoso, sus ojos azul grisáceo estaban con pequeñas lágrimas.

Recostada sobre una pared estaba otra chica de cabello color lavanda al igual que sus ojos analizando una hoja de papel.

Makoto: ¿D-Dónde...?

Kirigiri: Estás en el cuarto de Ikusaba-san.

¿En el cuarto de Mukuro? Pero, ¿qué no estaba en el...? Su mente fue golpeada por varios recuerdos, sacándolo del aturdimiento.

Makoto: ¡¿Qué pasó?! ¡¿L-Los d-demás?! ¡¿Maizono-san...?!

Ikusaba: Tranquilo Ma-kun, están bien... Bueno, con un ligero esguince en el pie. Y Kuwata junto con Oogami y Owada están buen, bueno, Owada estaba algo cabreado por el golpe en la cara...

Kirigiri: Ikusaba-san te trajo aquí después de que te desmayaste en el comedor, comenzó a ladrar ordenes mientras te cargaba hasta aquí.

El chico suspiró tranquilo, aunque no del todo, la espalda le dolía bastante, se sentía como si le hubiesen tirado aceite hirviendo, sin embargo cuando tocó su espalda, no sintió heridas ni quemaduras, aparte de una sensibilidad bastante molesta cuando pasaba su mano.

Pero la pregunta más importante era...

Makoto: ¿P-Por qué... estoy curado?

Kirigiri: Sobre eso, en tu maletín encontramos además de un arma, varios cuchillos arrojadizos, dulces, un traje con capucha de color blanco y esta caja junto con esta carta...

¿Dulces? ¿Por qué guardaría dulces?

La soldado se separó del abrazo para darle algo de espacio. El chico tomó la carta que la detective le pasó, la abrió y leyó el contenido de una de las hojas dentro...

Tentando a la suerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora