Capítulo 39: Memorias de un Oscuro Amanecer

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Hace muchos años...

Unas cuantas aves volaban sobre el Palacio Gubernamental de Ebbsfield en aquella mañana. Era un día muy importante para todos en aquella nación. Algo que debía recordarse por muchos años... y es claro que iba a serlo.

En la parte exterior del palacio se encontraban unos nueve vehículos aplilados en formación de cuadrado. Todos eran modelo Lincoln Town Car, con vidrios blindados. Estos vehículos iban de un color negro metálico a excepción del auto de en medio, el cual iba de un rojo oscuro, el color representativo de la familia Gourrt. A las limusinas negras estaban entrando múltiples caballeros, armados con sus usuales espadas y armas de fuego. Todos con la misión de proteger y defender al auto color bordó.

En los adentros del Palacio, los dos caballeros más importantes del reino paseaban por el recinto mientras platicaban sonrientes. Ambos eran nada más y nada menos que el Capitán Kuraki y Lucas.

–¿Estás emocionado? –preguntaba Nathan entre risas.

–Bueno, si de salir de la ciudad a no hacer más nada que quedarme de pie por varias horas se trata... estoy muy emocionado –respondió con sarcasmo un Lucas sonriente, virando sus ojos de un lado a otro.

–Era hacer eso o hacerlo de todos modos. Para la otra búscate otro trabajo, pequeñín.

Los dos se partieron de risa al instante. El ambiente entre ambos era muy ameno. Era como si todo a su alrededor desapareciera y sólo existieran ellos dos hablando felices. Eso era uno de los únicos momentos de su trabajo en los que Lucas se sentía completamente tranquilo, y sobre todo feliz. Siguieron caminando un buen rato hasta llegar a un banquillo largo en uno de los jardines interiores del lugar, en el que se sentaron. El joven Lucas se quedó viendo al horizonte cuando Nathan posó en su cabeza una de sus manos, y le acarició un poco su cabello.

–Oye, ¿cómo te sientes al respecto? –preguntó con un tono más calmado, buscando de ver al mismo lugar que Lucas.

–No lo sé. Es como... –no encontraba palabras con las que expresarse– Es difícil de explicarlo.

–Te entiendo. Créeme que algo así sentía en el primer evento al que tuve que asistir –Nathan tomó un respiro, y prosiguió–. Este es un día muy importante chico, nunca lo olvides. 17 de septiembre, un viernes que muchos recordarán. La Cuarta Cumbre Anual de la Organización Mundial de la Paz. Es curioso que sea la primera vez que la Princesa asistirá siendo ella misma quien la anunció en su momento.

Lucas entendía la magnitud de la situación a pesar de no recordar lo ocurrido ese día. Y aunque ya hace mucho que era el Guardaespaldas Real de la Princesa Clair, hacerlo en un lugar fuera del país era algo totalmente distinto. Eso lo asustaba, y el capitán pudo verlo en sus ojos.

–Creo que te estoy abrumando un poco... –se disculpó y cambió el tono de lo que decía– Bueno, puede parecer algo distinto, pero tu misión es y será siempre la misma, ya sea aquí, en Madrid, o en Pekín. La Princesa está en tus manos, así que protégela con tu vida... Y disfruta el viaje. Será tu primera vez fuera del país. No olvides que te mereces tus descansos.

Al voltear a ver a Lucas, vio en él una ligera sonrisa. Dicha sonrisa le provocó paz. El joven se puso de pie y con firmeza siguió viendo el horizonte, demostrando su gran determinación. Nathan tomó su hombro, y se levantó a su lado.

–Tú encargate de la Princesa, que en mi mando la ciudad estará mejor que nunca para recibirlos de nuevo. Te lo prometo –luego le extendió un puño enfrente–. ¿Te parece bien ese trabajo en equipo?

Lucas volteó a verlo, asintió y chocaron sus puños. Luego Nathan le dio una palmada en el hombro.

–Bueno amiguito, hora de partir. Ve, busca tu yelmo, y enorgullece a tu nación. Que el nombre de Storm sea reconocido a donde vayas.

Undersouls: Entre Los BosquesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora