Camila cerró su laptop, la guardó en su mochila junto con su libreta y bolígrafos y salió de su salón de clases.
Tenía el tiempo justo para ir al orfanato a visitar a Andrew, había quedado con Lauren de encontrarse en la entrada a las 4:00 pm para hacerle una visita al pequeño.
Ya llevaban un cuarto del camino recorrido para que el infante de ojos grises fuera parte de su familia y cada que lo veía Camila se moría de ganas por decírselo, pero debía ser paciente, de otra manera, Andrew también se torturaría con la espera.
Sin embargo, el año y medio que aún faltaba para poder estar juntos no significaba que no fueran ya una familia.
Lauren y Camila lo sabían, el cada vez menos pequeño Andrew era su hijo y aunque él no lo sabía, podía sentir en ellas un profundo amor maternal.
Así que en realidad, todo era simple cuestión de tiempo.
Al salir del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, Camila caminó rápidamente hacia el estacionamiento, donde había dejado su motocicleta.
Jamás se imaginó que aquel sería el regalo que Michael y Clara Jauregui le darían con motivo de su boda.
De acuerdo con la pareja, decidieron que querían ser originales con su regalo y como Lauren en realidad tenía todo lo que podía desear, prefirieron invertir en algo para su adorada nuera.
Recordaron entonces que en su visita a Miami la castaña les había contado que se dedicaba a reparar dichos vehículos motorizados y sabían perfectamente que regularmente la mujer de su hija se movía continuamente en taxis, por lo que decidieron regalarle su propia motocicleta, una Suzuki tipo GIXXER 250 color negro mate.
Preciosa. Pero nada extravagante.
Era curioso en realidad, Camila tenía el suficiente dinero para haberse comprado un auto si lo hubiera deseado, pero cuando estaba soltera era muy cuidadosa con sus recursos, no gastaba en cosas que considerara innecesarias y como antes de Lauren jamás había reflexionado sobre sus gustos ni nada cercano a ello más allá de lo cotidiano, no había invertido en un auto.
Pero el regalo de Mike y Clara le había caído perfecto, pues ahora podía moverse libremente a la facultad, al orfanato y a su casa sin ningún problema.
Lo gracioso de eso fue que en realidad cuando Camila recibió el flamante obsequio, no sabía conducir una motocicleta.
Es decir, en su infancia aprendió a repararlas, claro que sí, conocía a la perfección su funcionamiento y qué hacer ante prácticamente cualquier avería.
Pero en aquel entonces era muy pequeña para conducir una, así que en realidad nunca aprendió a hacerlo.
Claro que eso no se lo confesó a sus suegros, le dio mucha vergüenza, por lo que sólo se limitó a agradecer el maravilloso detalle y después contrató a un instructor para que le enseñara a manejar.
Cuando Lauren vio el regalo de sus padres para su esposa se quedó pálida. No era que le disgustara, pero le llenaba de terror que algo le pudiera suceder a su amada por lo que no se contuvo de reñir al matrimonio, pero Camila estaba muy feliz y ¿quién era ella para arrebatarle la sonrisa?
Sin embargo, los meses en que la castaña estuvo aprendiendo a conducir fueron un constante dolor de estómago, en parte por la preocupación de que sufriera algún tipo de accidente, pero también porque no soportaba al instructor.
Los celos la hacían gruñir por lo bajo cada que lo llegaba a ver, pero nada que un beso de su esposa no pudiera disipar.
Habían pasado 6 meses de eso y ahora se movía como una experta por las calles de Vancouver, aunque siempre con precaución y muy bien protegida con su casco.
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Vendedora de Caricias - Camren G!P
Fanfiction- Te pagaré el triple de tu tarifa normal. -¿Y cómo voy a corresponder tu generosidad? La pregunta salió de sus labios acompañada de una pequeña sonrisa. ¿Qué podría necesitar esa mujer en la cama como para pagar tanto dinero así sin más? - Debes fi...
