La casa de Michael y Clara Jauregui era grande.
Cuando Lauren era pequeña, lo que más le gustaba de su hogar era el montón de aire que entraba por las puertas y ventanas, cargado siempre de la brisa marina característica de Miami.
Era una casa cálida y acogedora, independientemente del clima de la ciudad, cuando estabas ahí daba una sensación de seguridad y paz.
Por supuesto que Lauren adoraba su casa en Canadá, ya que se trataba de un inmueble completamente a su gusto y aunque a algunas personas les podría parecer aterradora su ubicación y arquitectura por los grandes ventanales en medio del los frondosos pinos del bosque, para Lauren era una bendición estar lejos de la ciudad y disfrutar del silencio que había en ese sitio.
Sin embargo, eso no significaba que no amara su hogar de la infancia. La casa de sus padres estaba llena de bellos recuerdos, pues incluso en los malos, tuvo siempre el apoyo de Clara y Michael, para levantarle el ánimo y recordarle lo valiosa que era, sin importar que tan diferente fuera de los demás.
Por todo lo anterior, era extraño el momento de tensión que había entre las cuatro personas que ahora estaban sentadas en los sillones de la sala.
Había tres pares de ojos marrones y uno de ojos verdes que intercambiaban silenciosas miradas en un ambiente que se sentía ciertamente pesado, por decir lo menos.
Por un lado, estaban los de Camila que eran los menos expresivos. Su mirada viajaba de los ojos de su suegra a los de su suegro y viceversa.
Su rostro estaba serio, no denotaba ninguna emoción ni buena ni mala, sólo estaba esperando una respuesta, pero su lenguaje corporal manifestaba que ella estaba serena.
Por otro lado estaba Michael, cuya mirada se cruzó con la de Camila y luego con la de su hija, Lauren, momento en el que de inmediato clavó los ojos en el bonito piso de su casa, mientras se presionaba él mismo las rodillas con sus robustas y sudorosas manos.
Clara por su parte, no dejaba de mirar a Camila y de hecho, hacía bien.
La miraba de pies a cabeza y luego sostenía contacto visual con ella, escudriñando en sus ojos, buscando en lo más profundo de su alma.
Y finalmente, estaba Lauren.
Los ojos de la pequeña niña que aprendió a gatear en el azulejo que Michael miraba tan detenidamente, parecían dos barriles de pólvora, en espera de cualquier tipo de chispa que pudiera detonar su ira.
Una mala reacción, una palabra, un sólo paso en falso que su madre o su padre dieran sería suficiente para que Lauren pasara de estar a la defensiva a lanzarse con uñas y dientes así fuera contra las personas que le dieron la vida y a quienes tanto amaba.
La decisión había sido enteramente de Camila y Lauren la apoyó de manera absoluta y aunque tal como se lo dijo la noche previo a su boda, no creía que sus padres fueran a reaccionar mal, el silencio de Michael y Clara no le estaba gustando para nada.
La castaña había pedido al matrimonio hablar con ellos.
Finalmente había logrado hacer las pases con su pasado y quería que sus suegros lo supieran, que estuvieran enterados de la persona con la que su hija se había casado porque, para ser sinceros, ella no estaba avergonzada de nada de lo que se vio obligada a pasar y tampoco de nada de lo que había elegido para su vida.
Se reconocía a sí misma como una mujer valiosa, valiente y completamente merecedora del amor de Lauren y de la familia que pronto formarían juntas, cuando pudieran concretar la adopción de Andrew.
Y tan orgullosa se sentía de todo su avance y crecimiento que quería que Michael y Clara lo supieran, porque ellos ahora también eran su familia, eran seres a los que amaba y no quería que existieran mentiras de por medio.
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Vendedora de Caricias - Camren G!P
Fanfiction- Te pagaré el triple de tu tarifa normal. -¿Y cómo voy a corresponder tu generosidad? La pregunta salió de sus labios acompañada de una pequeña sonrisa. ¿Qué podría necesitar esa mujer en la cama como para pagar tanto dinero así sin más? - Debes fi...
