Lauren sonreía mientras sostenía entre sus manos el dije del collar que llevaba puesto en ese momento.
Ese había sido el regalo de Andrew y Camila con motivo de su cumpleaños y tenía la forma de una cámara de cine.
Había sido un detalle sencillo pero precioso y si Lauren se lo quitaba en algún momento era sólo cuando tenía que ducharse, al igual que su anillo de bodas.
Aquel había sido el cumpleaños más feliz de su vida, acompañada por Camila y Andrew, además de que también fue el día en que finalmente, les habían permitido a ambas darle a conocer al pequeño que pronto sería parte de su familia.
Difícil sería decir quién de los tres lloró más, pero el director Davis se sintió tan conmovido que si la decisión hubiera dependido de él, se habrían llevado al niño en ese momento.
Lauren había temido por un instante previo a darle la noticia a Andrew que él en realidad no quisiera ser adoptado por ellas, pero este se había disipado cuando, al recibir la información, el niño se lanzó sobre ambas hasta tirarlas en medio del patio.
La felicidad que ese niño expresaba con sus ojos y su sonrisa era tanta que contagió a todos sus compañeros que, aunque sí sentían algo de celos, la verdad es que la mayoría agradecía que Andrew hubiera encontrado a Lauren y Camila porque, desde que él y ellas habían llegado al orfanato las cosas iban mucho mejor para ellos y les hacía soñar con que, quizá algún día también podrían encontrar una familia.
De su cumpleaños habían pasado varios meses ya, incluso la fecha de su segundo aniversario de bodas con Camila, por lo que su nueva rutina desde que Andrew estaba con ellas le hacía mucha ilusión.
Lunes, miércoles y viernes, la empresaria se tomaba un momento para poder pasar a su hijo al colegio y luego regresaba a su oficina donde terminaba algunos pendientes más mientras el niño conocía un poco más sobre su trabajo.
Por otro lado, los martes y jueves, Andrew se quedaba hasta más tarde en la escuela, donde tenía sesiones con su psicólogo que estaba tratando el tema de la adaptación del pequeño, no sólo al ambiente del colegio, sino también a su nueva familia.
Camila y Lauren habían coincidido en que eso era muy importante, no sólo para que la conexión con ellas fuera más allá del cariño evidente que existía entre los tres, sino que Andrew se sintiera realmente como parte de ese núcleo, sin llegar a acomplejarse por el hecho de ser adoptado.
"¿Qué te parece tu habitación?" Preguntó una emocionada Camila a Andrew.
El pequeño, de ahora 11 años de edad, estaba asombrado con lo bonito de su cuarto.
Las paredes eran de un color azul oscuro con detalles blancos, con repisas en las que había figuras de diferentes personajes y en el piso que parecía de madera había una gran alfombra de un color azul más claro.
Claro que esos detalles decorativos no eran lo que asombraba a Andrew, lo que sí que lo tenía emocionado era el tamaño de la cama, los montones de cojines y que había una televisión en el que ahora sería SU habitación.
Además, también había un gran mueble donde había un montón de juguetes organizados.
Sintió entonces que había tomado una buena decisión al dejar el resto de los juguetes que sus ahora mamás le habían regalado previamente en el orfanato, ya que no los necesitaría.
El único que conservó fue el dragón que Lauren y Camila le habían regalado en Navidad y el Spider-Man que la empresaria ganó para él en la feria.
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Vendedora de Caricias - Camren G!P
Fanfiction- Te pagaré el triple de tu tarifa normal. -¿Y cómo voy a corresponder tu generosidad? La pregunta salió de sus labios acompañada de una pequeña sonrisa. ¿Qué podría necesitar esa mujer en la cama como para pagar tanto dinero así sin más? - Debes fi...
