Capítulo 9: Hermanas

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Apenas se reconocía ya a sí misma, y no en el mal sentido. Su reflejo ya no le mostraba a la niña asustada de todo que siempre la había mirado desde el otro lado. A esa niña que había vivido cosas horribles, cosas que nadie debería vivir y mucho menos siendo tan pequeña.

Había superado infinidad de cosas y aun así hasta hace relativamente poco aún se aferraban a ella, arrastrándola a las profundidades desde donde ya se había cansado de luchar.

Sus miedos, sus dolores, habían definido siempre su vida y en cierta manera la habían ayudado a sobrevivir. Cuando menos te arriesgas, cuanto más en tu zona de confort estas, menos probabilidades de que te hagan daño, esa había sido su filosofía durante muchos años.

Hasta que Clarke había aparecido en su vida.

Esa rubia de ojos azules había derrumbado todas sus defensas, la había vuelto loca y a la vez calmado, aliviado parte sus miedos y creado otros, sentido eufórica y en el abismo a la vez. Y a día de hoy Lexa sabía que ella no había estado preparada para aquello.

No había sido capaz de amar a Clarke como se merecía porque todo su interior le gritaba que no la merecía.

Se había auto saboteado, a ella y a su relación.

Nunca dudó del amor que Clarke sentía por ella, no era eso en absoluto. Lo que sentía era que tarde o temprano Clarke se daría cuenta de verdad de lo rota que estaba por dentro y tomaría la decisión de dejarla. Eso no podía soportarlo así que de manera inconsciente fue destruyendo su relación para no sufrir tanto.

Pista, no funcionó.

Pero todo esto lo sabe después de mucho tiempo de terapia. En aquel momento no era consciente de nada, solo sentía dolor.

-Eres imbécil –soltó Anya de repente haciendo que saliese de sus pensamientos.

Lexa alzó la vista y la fijó en su amiga que la fulminaba con la mirada.

-Eso es algo que nunca cambiará –respondió Lexa en tono burlón.

Anya puso los ojos en blanco.

-Lo digo en serio –espetó Anya- No puedes presentarte así e ir a la galería de Clarke y pedirle vuestro cuadro. Ella ya ha pasado por muchas cosas, intenta seguir adelante y no creo que sea bueno para ella verte –vio como un destello de dolor pasó por los ojos de Lexa al oír aquello- Sabes que es cierto –dijo después de un suspiro, pero con rotundidad.

-Lo sé –reconoció Lexa suavemente.

-Entonces, ¿qué haces aquí? –cuestionó-Y no es que no me alegre de ver a mi mejor amiga, solo quiero asegurarme de que no estás haciendo alguna tontería de nuevo.

Lexa se tomó su tiempo antes de responder, miró a su alrededor en aquella cafetería donde había quedado con su amiga. Miró a la gente que seguía con su vida ajena a todo a su alrededor, cada uno con sus problemas y alegrías.

-Dejé el bufete de abogados –soltó Lexa volviendo a mirar a su amiga.

- ¿Qué? –exclamó Anya sorprendida- Pero si ya eras socia y ganabas un montón de dinero allí.

Asintió con suavidad y luego se encogió de hombros.

-No era feliz, no me sentía realizada defendiendo a ricos egocéntricos para que sean más ricos y egocéntricos.

Anya suspiró y deslizó su mano por la mesa hasta que cogió la de su amiga, dándole un pequeño apretón de apoyo.

Hace algunos años Lexa habría retirado la mano, haciéndose la dura como si no necesitara a nadie, pero ya no era aquella persona y sin dudarlo ni un segundo le devolvió el apretón a Anya, demostrándole su agradecimiento.

Si, mi Comandante (Clexa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora