Capítulo 12: Instintos que no se pueden controlar

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Clarke no sabía muy bien como ocurrió.

Estaban dentro de la balsa, bajando por unos rápidos, con la adrenalina a tope y de un momento a otro, Clarke salió volando por los aires aterrizando en la fría agua de aquel rio.

Se quedó sin respiración por un instante mientras el agua brava a su alrededor la empujaba y golpeaba sin control. Ni siquiera era capaz de ver donde estaba la balsa para agarrarse ya que la presión del agua la arrastraba y empujaba sin control.

El pánico, el miedo y la angustia comenzaron a invadirla sin que pudiese hacer nada para evitarlo.

Aquella fracción de segundo pareció una eternidad, creyó que el río se la iba a tragar y no había nada que pudiera hacer al respecto. El agua la rodeaba, empujándola y golpeándola sin piedad, mientras luchaba por mantenerse a flote. A pesar del chaleco salvavidas, el peso del agua la sumergía cada vez más, y la desesperación comenzó a apoderarse de ella.

De repente, un par de brazos fuertes se enroscaron alrededor de su cuerpo, tirando de ella hacia la orilla. Sintió el alivio de tocar el fondo con los pies y el cansancio la invadió casi desmayándose. Pero aquellos brazos no se rindieron, y la arrastraron fuera del agua, tumbándola en la orilla. Allí, jadeando, sintió la necesidad de dar gracias por estar viva.

- ¿Estás bien? –escuchó una voz preocupada a su lado, una voz que claramente reconocía.

Cuando abrió los ojos, intentando recuperar el aliento se encontró a Lexa, totalmente empapada, mirándola absolutamente aterrorizada por que le hubiese pasado algo.

- ¿Qué ha pasado? –preguntó Clarke aún confundida, intentando incorporarse.

-No te muevas –le ordenó Lexa, manteniéndola tumbada en la orilla para que se recuperara- Te caíste de la balsa –le explicó cuando consiguió que Clarke no se moviese.

Clarke frunció ligeramente el ceño.

- ¿Tú también? –preguntó sin entender porque Lexa estaba allí con ella.

Lexa se sonrojó de repente, desviando la mirada. Se pasó la mano por el pelo intentando ganar tiempo antes de responder.

-No, al ver que te caías me tire detrás de ti –le reconoció.

- ¿Por qué? Podríamos haber muerto las dos –murmuró, para después toser ya que aún tenía algo de agua en sus pulmones.

Lexa aprovechó ese momento para incorporarla ligeramente y que así pudiese respirar mejor. Pero en cuanto tocó la piel desnuda de Clarke bajo el chaleco, su vello se erizó por completo.

Clarke se pasó las manos por los brazos, acariciándolos, como si quisiera calentarlos, aunque lo único que pretendía era que no se notase su piel erizada. Se removió algo incomoda y después volvió a mirarla con intensidad, esperando una respuesta.

Lexa simplemente se encogió de hombros.

-No lo pensé, simplemente vi que te caías y fui a ayudarte –le explicó.

-No necesito que me salven Lexa, no eres mi príncipe de brillante armadura –espetó.

Y se sintió mal al instante nada más ver como los ojos de Lexa se llevaban de tristeza, aunque intentase disimularlo desviando la mirada.

No quería decirlo así, pero la adrenalina y el miedo aún recorrían todo su cuerpo y no estaba sabiendo cómo manejar aquella situación.

-En este caso, si necesitabas que te salvasen –murmuró Lexa, algo molesta.

Clarke frunció el ceño y se incorporó por completo, poniéndose de pie para alejarse de la otra. Lexa se levantó también y se cruzó de brazos, pero no de manera molesta, sino como si se estuviera protegiendo, como si se sintiese vulnerable.

Si, mi Comandante (Clexa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora