Capítulo Trece

109 8 0
                                        

Me encuentro en la estación de policía brindando mi declaración y mi cabeza duele un poco. El oficial me informa que puedo llamar a alguien, si no tengo como llegar a casa.

No poseo la mínima idea de cómo contactarme con alguno de los chicos. No me sé de memoria sus números, todo estaba grabado en mi teléfono y este se encontraba en mi bolso. Tampoco considero contactar con mi madre, no quiero que descubra en donde estoy.

–¿Conoce el Moon Light?

–Por supuesto –toma el teléfono y me lo entrega.

Lo miro con nervios de que pueda pensar que soy una completa ignorante por no saber algún número.

–No me sé el número de memoria –sonríe y marca el número.

–Hola, Gia ¿Cómo estás? –Escucha.

–Yo también, gracias. Mira, tu amiga se encuentra aquí, te la paso.

Me sonríe y me entrega el teléfono.

"Llamada"

–Hola...

–¿Quién es? –Está confundida.

–Soy yo, Carla... me han asaltado –sollozo.

–¡Oh, por Dios! ¿Te encuentras bien?

–Sí, yo estoy bien –limpio mi rostro y sostengo mi cabeza sobre mi mano

–Se llevaron mi bolso, mi celular y mi dinero ¿Podrías venir por mí? –sollozo.

–¡Claro!

"Llamada finalizada"

Puede escuchar que alguien se le acercaba y empezaban a hablar antes de que colgara. Es Erskin, pude notarlo por su acento.

Estoy sentada en una esquina de la oficina del oficial con un poco de frío y oliendo a leche agria.

–¿Quieres algo? Agua o café –el oficial se levanta de su escritorio y se acerca a mí.

Asiento.

–Un poco de agua, por favor –sale de la oficina dejando la puerta abierta.

Jamás en mi vida habría imaginado pasar por esto, nunca me habían atracado antes. Ojeo mis manos ya un poco más hinchadas y temblorosas.

–Carla... –escucho su voz y volteo a ver a la puerta.

Me levanto rápidamente con un poco de dolor en mis rodillas y camino apresurada hacia él, quien me abraza.

–¿Estás bien? –Se separa de mí para observarme con preocupación.

–Sí, yo estoy bien. Solo me he rasguñado un poco.

Le muestro mis manos y él las acaricia. Pero cuando bajo la mirada para observar mis rodillas que molestan un poco más que las manos me pasmo, lucen muy mal.

–Eso no luce nada bien, deberíamos ir al hospital –está alarmado.

–No creo que sea necesario –lo tranquilizo.

En ese momento llega el oficial.

–¡Qué hay de nuevo amigo!

–¡Qué onda! Únicamente he venido por Carla. –se estrechan las manos y se abrazan.

–Bien, necesito que me firmes unos papeles antes, aquí tienes. –el oficial me entrega una botella de agua; la abro y bebo mientras Erskin entra a firmar los papeles.

–Tranquilo, te avisaré cuando demos con la persona.

–Por favor... –está claro que aquí también Erskin tiene algo de superioridad; se despiden y luego coloca su mano en mi cintura, y me conduce a la salida.

Me ayuda a subir al auto y cuando está junto a mí se queda mirándome.

–Estoy seguro de que un doctor debe atenderte.

Ruedo los ojos.

–Erskin te juro que estoy bien, solamente necesito pasar por alguna farmacia

–¿Estás segura? –asiento.

Llegamos a casa y Erskin me conduce hacia el comedor con delicadeza.

–Siéntate, necesitas comer algo.

Hago lo que me indica mientras va a la cocina y me sirve un poco de comida, regresa y me la coloca sobre la mesa con un vaso de agua y va a su habitación. Lo veo caminar por todos lados y cuando termino de comer se vuelve a acercar a mí, retira el plato y lo coloca en el fregador para luego volver a mi lado y ayudarme a levantar.

–Vamos, necesitas darte un baño –me conduce al baño. La tina ya está llena.

Se coloca detrás de mí y me recoge el cabello con una liga para luego ayudarme a quitarme el vestido junto con mi ropa interior y me da una mano para entrar a la tina.

El agua está tibia y me reconforta, me siento y él se agacha para luego ponerse de rodillas junto a mí. Me limpia con una esponja y gel de baño, me siento tan bien hasta que veo su mirada, reparar en mis rodillas y detiene por completo el movimiento de sus manos, ver su preocupación por mí hace que me llene de júbilo.

–Erskin... –le hablo para captar su atención y me mira de inmediato–. Estoy bien... lo prometo –sostenemos nuestras miradas.

Puedo ver la preocupación en lo más profundo del brillo de sus ojos esmeralda. Acaricio su rostro con sutileza y le sonrío para tranquilizarlo. Él continúa limpiando mi cuerpo.

–¿Cómo ha pasado?

–Fui por un poco de pan y leche...

–¿En dónde estabas? –El ambiente se ha tornado muy sensitivo–. Fui a hablar contigo y Esteban me informo que pediste el día...

–Estaba muy fastidiada contigo –guardo silencio por un momento–. Necesitaba distraerme, coger aire... así que tomé un bus y llegué a un parque que ni siquiera conozco. Estuve toda la mañana y tarde allí. Al regresar tenía hambre, por lo que me bajé unas paradas antes y fui a comprar a la panadería, cuando salí solo sentí un jalón y caí al suelo ya no tenía mi bolsa.

Él nada más guarda silencio y me observa intentando descifrar si realmente me encuentro bien y cuando siente que estoy totalmente limpia me ayuda a salir de la tina, me envuelve en una toalla y me lleva a su habitación. Me sienta en su cama y limpia mis heridas con agua oxigenada y alcohol.

Se acuesta y me recuesta a su pecho mientras acaricia mi cabello.

–Siento mucho lo de anoche.

Me abrazo a él y con molestia subo una pierna sobre las suyas.

–Lamento haber hecho que te molestaras. Mi intención jamás fue esa.

Besa la coronilla de mi cabeza y me abraza.

–Lo sé, no te preocupes por eso.

Me encuentro a mitad de un tatuaje en la espalda de un chico; una especie de submarino. Tengo clientes que piden trabajos un poco absurdos, pero mi labor es simplemente complacerlos.

Escucho que la puerta se abre y veo a Erskin, me enseña una bolsa de comida y sonrío. Pasa en silencio y se sienta en una mesita frente a mí. Al terminar el trabajo limpio todo y me acerco a él.

–Hola –me agacho y lo beso.

–¿Cómo te siente? –Me siento a su lado.

–Mis manos están bien y mis rodillas molestan un poco, pero estoy bien.

Él frunce el ceño mientras abre la bolsa de saca dos bandejas pequeñas de comida China.

–Insisto en que no debiste venir a trabajar –me rio a carcajadas.

–Ni que estuviera paralítica, solo fueron unos raspones, estoy bien –lo beso.

Dulce CurvaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora