Capítulo Quince

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25 de diciembre; tenemos el día libre, lo que significa que probablemente Erskin también estará todo el día en casa.

Él aún sigue durmiendo plácidamente y me gusta verlo, no quiero despertarlo, pero mi estómago está empezando a rugir de hambre, levanto su brazo de mi cintura con toda la sutileza posible para no despertarlo y una vez ya liberada me encamino a la cocina. Me encuentro a Gia a mitad de camino y me regala una risita la muy pilla.

–¿Cómo has dormido?

Coloca su brazo sobre mi hombro y besa mi sien. Yo la abrazo por la cintura.

–Igual que un osezno, estoy muy agradecida por lo que hacen por mí.

–No seas tonta ¡Somos familia!

Al llegar a la cocina, ella abre la nevera y saca unos huevos.

–¿Tú y Erskin van en serio?

–Eso creo –me encojo de hombros–. Bueno, no lo sé. No sé qué clase de relación, tenemos –saco el cacao en polvo del anaquel. En una hoya vierto un poco de leche y unas cuantas cucharadas de cacao.

–¿A qué te refieres?

–Un día está bien y al otro siento que me odia; me frustra, me enoja de tal modo que de un momento a otro hace que quiera estar muy lejos de él.

Gia se ríe a carcajadas.

–Tenle un poco de paciencia, además eres la primera chica después de mucho tiempo.

–Cuando dices eso ¿A qué lapso de tiempo te refieres?

–Con mucho me refiero a un tiempo bastante exagerado; es como si fueras su primera vez.

Me quedo callada meditando la situación

–¡Buenos días! –Volteo a ver a Esteban quien se acerca a nosotras restregando sus ojos.

–Hola, amor –Gia lo saluda con un beso en los labios y luego él se acerca a mí y besa mi mejilla–. ¿Omelette o revueltos?

–Revueltos. –responde él.

Nos encontramos los tres sentados y desayunando cuando veo a Erskin salir de su habitación, ahora solo carga el pantalón de cuadros rojo y camina hacia el baño.

Al regresar se acerca a mí y toma una de mis tostadas para darle un mordisco.

–¡Espero que hayas lavado tus manos! –exclama Gia.

–¡Obviamente! Yo no soy tan cochino como el payaso que está aquí–se hace el ofendido y me rio mientras él golpea a Esteban en la cabeza y se ríen.

Voy a levantarme para servirle su desayuno y me detiene.

–Ya lo hago yo –besa mis labios tiernamente–. Sigue comiendo.

Gia me mira descaradamente y me guiña un ojo, para luego seguir masticando.

Una hora después nos encontramos los dos a solas; cierro la puerta y me dirijo a la habitación de Erskin, él se encuentra tumbado y totalmente sereno en su cama, con su computadora sobre sus piernas. Rodeó la inmensa cama y me recuesto a su lado, apoyando mi cabeza contra su hombro; ojeo como los dedos de sus manos se mueven ágilmente por el teclado y las páginas e imágenes que aparecen en la pantalla sin entender alguna cosa.

Elevo la mirada y lo observo, él está completamente ensimismado del mundo que lo rodea.

–Erskin... –con una velocidad inigualable se detiene y planta todo su interés en mí–. ¿Existe alguna razón por la cual no celebras estas fechas?

Cierra su portátil y la coloca sobre la mesita de noche junto a él. Se acomoda y me abraza.

–No es fácil para mí compartir esto; sin embargo, ahora eres parte importante de mi vida.

Lo aprisiono entre mis brazos, tomo su mano, la beso y él sonríe satisfecho.

–Yo era el pequeño más feliz sobre la faz de la tierra, mi vida se fundamentaba en solo jugar, poseía todo lo que un niño a esa edad pudiera desear; amor, un padre, una madre y un hermano mayor. Papá y mamá nos revelaron un día la grata noticia de que tendríamos una hermana, era mi más grande sueño. Poder protegerla.

Siento su voz quebrantarse y beso su pecho.

–Me estoy entregando a ti, cariño... –declara con dolor.

Levanto la mirada para verlo y le sonrío tiernamente, me siento y poso mi mano en su pecho; él la toma y la coloca sobre su corazón, puedo sentir sus incesantes latidos, a una gran velocidad.

Él está inquieto.

–El 24 de diciembre nos encontrábamos de camino a casa de la abuela Elisabeth y Dave no dejaba de atosigarme. Yo estaba tan irritado que solté mi cinturón y me tumbé sobre él; mamá intentaba separarme y no lo lograba, papá perdió por completo el control del auto.

Suspira.

–Lo último que recuerdo es estar en un hospital con la abuela Elisabeth a mi lado –contemplo su rostro atestado de dolor, verlo así me resulta lacerante–. No volví a ver a mis padres y la culpa era mía, crecí siendo un chico rebelde y problemático, Dave tuvo que librarme de muchos embrollos –me mira fijamente–. Me perdí a mí mismo por tantos años.

No puedo soportarlo más, me subo sobre él y lo abrazo fuertemente con la esperanza y el ardiente fervor de poder absorber todo su dolor.

–Estoy aquí Erskin... Estoy aquí –lloro–. Aquí estoy y no me voy a ir, no te voy a dejar solo.

–Tu corazón es el único lugar donde encuentro refugio, prométemelo, prométeme que no me abandonarás.

–Prometo jamás dejarte solo. –me abraza fuerte y con un ágil movimiento me hace girar junto a él, ahora estoy debajo de él.

–Déjame adorarte...

Y sin más me besa; como si cargara un hambre voraz que intentara saciar.

Mi corazón comienza a latir desesperadamente y nuestra burbuja empieza a crecer. Él gruñe y se levanta para quitarme el suéter, y luego baja despojándome con premura de mis pantalones y mis bragas, dejándome totalmente expuesta para él.

Suspiro con suavidad mirándolo fijamente llena de deseo.

–Nena mi vida entera se resume a ti.

Se agacha y toma mis labios mordiéndolos con suavidad para luego besarme con ferocidad.

Después de un rato, Erskin suaviza nuestro apasionado beso. Liberando por fin mis ya hinchados labios y empieza a bajar regando pequeños besos por mi mandíbula y mi cuello mientras su mano se desliza entre mis muslos y chupa con ímpetu uno de mis senos. Dejo caer mi cabeza hacia atrás liberando un suspiro y cerrando los ojos mientras regresa probándome con su lengua hasta mi boca. Sus dedos se colocan junto en el punto exacto y gimo contra su boca ante la deliciosa presión de sus ágiles dedos.

–Erskin –suplico.

–Mírame...

Inmediatamente, abro mis ojos y lo miro para encontrarlo, observándome completamente sumido en la lujuria.

Le sostengo la mirada, mientas sus dedos me acarician y mis caderas se mecen contra él. Su respiración se vuelve más entrecortada y siento que estoy a punto de estallar, pero deja de mover sus manos, alterándome y me da un pequeño beso en los labios para luego bajar. Siento su pequeño suspiro chocar contra mi clítoris y tiemblo reconociendo el cosquilleo en mi cuerpo. Bajo la mirada para observarlo deseosa.

Entonces desliza su lengua sobre mi clítoris y grito. La sensación es embriagadora y luego de unos minutos de avasallante placer estallo finalmente pegándome más hacia él.

–¡Eso es nena!

Sube rápidamente en busca de mis labios y ataca sin piedad.

–Poderosa hechicera, cuéntame tus secretos y dime qué potente hechizo me has arrojado.

Lo miro con diversión y me carcajeo envolviéndolo con mis piernas, abrazándolo y besándolo.

Disfruto de los momentos qué paso a solas con Erskin.

Dulce CurvaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora