Capítulo Siete

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Ambos están observando impacientes por el resultado de mi trabajo y se ojean entre ellos.

–¡Es perfecto! –menciona Esteban, una vez lo tiene en sus manos y contempla a Erskin con emoción–. Ahora hay que ver si puede manejarlo con la máquina –me mira y me guiña un ojo.

–No creo que sea tan complicado.

Erskin se encoge de hombros y ambos lo vemos seriamente. En mi vida he hecho un tatuaje, esto es una total locura.

–No sé si logre hacerlo –me levanto y le quito la hoja a Esteban–. Sin embargo, puedo intentarlo –observo mi boceto–. Será muy divertido ¿A quién tengo que tatuar? –Estoy emocionada, la adrenalina empieza a incrementar y correr por mis venas.

–Necesitamos un modelo –Esteban camina hacia la puerta y toma la perilla–. Voy a buscar a...

–Hazlo en mí...

Erskin no permite que Esteban termine de hablar, dejándonos a ambos impresionados; se quita el suéter y se sienta en la silla para tatuar, provocando que quede en shock.

Su torso tiene varios tatuajes, pero el que más llama mi atención es la serpiente que da vuelta a sus caderas; yo jamás había visto personalmente a un chico con tantos tatuajes, en su brazo derecho tiene una gran mariposa y más abajo hay un tatuaje mucho más grande. Es la mitad del rostro de una mujer junto a un racimo de flores. Mientras que, del otro lado, en su antebrazo, tiene un gorrión y una gran cruz totalmente negra; en medio de su tórax tiene una roza apuñalada por una daga.

«¡Dios mío! Es increíble», no puedo dejar de mirar su cuerpo escultural, perfectamente trabajado y tatuado.

Esteban prepara todo lo necesario y le pregunta en qué lugar quiere que lo haga, Erskin señala su pectoral derecho y él empieza a limpiarlo.

–¿Estás seguro? Ella jamás ha hecho esto.

Erskin asiente; Esteban continúa preparando todo y hace que el boceto le quede marcado en el pecho.

Me siento en la silla junto a Erskin y tomo la máquina, un poco pesada entre mis manos. Esteban me da las instrucciones necesarias y escucho, detenidamente, todo lo que sale de su boca para no cometer ningún error. Ahora empiezo a sentirme nerviosa y me cuestiono, si llego a hacer algo erróneo, no podre borrarlo y volver a iniciar como en mi libreta. Esto queda grabado, es permanente.

–Te lo preguntaré una vez más hermano.

Esteban luce un poco tenso y me imagino que se lo está cuestionando, al igual que yo.

–¡Sal de acá! –arremete Erskin–. Me estoy empezando a arrepentir de la decisión que tomé, así es que lo mejor es que te largues de aquí.

Esteban levanta ambas manos y se rinde.

–Fue tu elección, me voy –sale del cubículo dejándonos a solas y mis nervios incrementan.

–Estoy nerviosa... –lo miro y él recuesta su cabeza en la cabecera de la silla y cierra los ojos.

–Mejor no digas nada y empieza –coloco la mano en su pecho–. Buff... –susurra–. Mujer, ¡Tienes las manos heladas! –Aprieta los ojos y sonrío con satisfacción.

Empiezo a trabajar las primeras líneas y limpio los excesos de tinta, lo miro cada vez que lo escucho quejarse.

–Lo siento mucho...

–Tranquila no duele –se defiende.

Continuo trazando.

–No me refiero a esto –él abre los ojos, pero no me mira y sigo dibujando–. Lamento haberte ofendido, nunca fue mi intención.

Dulce CurvaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora