Capítulo Veinte

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Estoy de pie en la acera, viendo como ella se aleja en el carro; miro a todos lados, siento que la cabeza me da vueltas y jadeo. Cada vez presiento que esta situación no tendrá solución; sin embargo, me convenzo de que eso no será el fin del mundo; las ganas que tenía de ir al centro comercial se van al caño, salgo de mi trance y saco la mano pidiendo un taxi.

Regreso al apartamento de Gia y Esteban, y me encierro en mi caja blindada.

Miro al techo, imaginando que me hubiera encantado saber cómo sería nuestra vida juntos, porque quisiera vivirla realmente. Esto debe tener algún tipo de solución.

Doy vueltas sobre la cama y pienso... «¿Es real lo que estoy viviendo o es una clase de pesadilla? ¿Me quiere realmente? ¿Por qué salí corriendo sin haber escuchado su explicación, maldita sea?» Quisiera matar a Erskin. Aborrezco a Margot. Estoy fundiendo mis neuronas tratando de encontrar respuestas que no tengo.

Son las 9:00 p.m. y escucho pasos que provienen del pasillo, me levanto y abro la puerta solo un poco para curiosear. Esteban y Gia lucen algo alegres, mientras Esteban intenta abrir la puerta de la habitación a tropezones, Gia le da la vuelta y lo besa desenfrenadamente, él desliza su mano hasta llegar a su trasero y le da un apretón «¡Cielo santo!» No quiero ver esto. Cierro la puerta y vuelvo a acostarme.

Es domingo y a las 7:00 a.m. percibo fuertes gritos que provienen de la sala. Salgo y camino hasta las escaleras para comprobar por qué tanto alboroto.

Me estremezco al ver la roja cabellera de Erskin, él está frente a ellos y me da la espalda por completo, pero no logro entender por qué mi corazón se ablanda al verlo caminar de un lado a otro desesperadamente. Él lleva una camisa de mezclilla remangada hasta los antebrazos, sin lugar a duda la forma en la que despeina su cabello cuando está estresado lo distingue de cualquiera. Luce bastante desaliñado, su barba ha crecido un poco y puedo apreciar las enormes bolsas de las ojeras que demacran su rostro. Está sufriendo.

–Déjame hablar con ella, por favor –le suplica a Gia.

–Lo siento hermano, pero... es ella quien no quiere verte –Esteban interviene.

–Se supone que eres mi amigo ¿Podrías intentar estar de mi lado? ¡Entiéndeme!

Empuja a Esteban y estoy a punto de bajar cuando noto que Gia me ve y me hace una seña con la mano para que me detenga.

–No quiero estar de tu lado, tampoco quiero entenderte –se manifiesta, Esteban.

–Por ahora solo estoy haciendo lo que dicta mi corazón... ¡Era eso lo que querían! ¡Carajo! –demanda Erskin y puedo escuchar el dolor en su voz.

Me siento débil, estoy a punto de ir corriendo hacia él, la única que me detiene es Gia.

–¡Carla es una mujer excepcional, Erskin y te comportaste como una mierda con ella! La lastimaste... –lo acusa Gia–. Ni siquiera has sido capaz de ser honesto con ella.

–Si hubieses sido lo bastante inteligente... ella jamás te juzgaría Erskin ¡Es tu pasado, no tu presente!

Gia se cruza de brazos y resopla mirando hacia mí, retrocedo lentamente y vuelvo a detenerme al ver a Erskin voltear.

Se queda viéndome embelesado, sus ojos están irritados como si hubiera estado llorando por horas. Por una pequeña fracción de tiempo, siento su dolor. Y la ira vuelve a crecer desde lo más profundo de mi ser.

Regreso a la habitación con premura y voy a cerrar la puerta, pero él mete la mano y evita que logre cerrarla por completo.

–Vete... –susurro.

Dulce CurvaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora