Extra 7

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—¿Llevas dinero para el almuerzo—Preguntó Leif por quinta vez.

Anne rodó los ojos, divertida por la preocupación de su madre.

—Sí, mamá. Descuida, tengo prisa, voy tarde—Recordó al ver la hora en su móvil.

Faltaban veinte minutos para entrar a clases, sí quería llegar a tiempo y llevar a Ivy, todo a la vez. Era mejor apurarse.

—¿Anna-banana?—Preguntó el pequeño Sprig, desayunaba junto a su padre mientras sonreía a su hermana—.¿Cuándo viene Nuggets? Lleva mucho tiempo sin jugar conmigo—Hizo un puchero.

Anne fruncio los labios, divertida, colgándose la cartera del hombro y comiendo una galleta del tarro sobre el refrigerador. Ella comía las veinticuatro horas del día, no se cansaba.

—La has visto hace dos días, cuando llegó de sorpresa con Ivy—Apuntó, sonriendo aún por el agradable recuerdo de aquella tarde.

Ver a Marcy con su hermano menor era de sus actividades favoritas, le parecían súper tiernas. Incluso, el fondo de pantalla de su móvil era una foto de Marcy y Sprig posando, la azabache hacía una mueca graciosa mientras el niño le daba un beso en la mejilla. Si en algún momento del día sentía la necesidad de ver a sus dos personas preferidas, solo bastaba con desbloquear el aparato y allí estaban ¡Era perfecto!

—Eh, no. Ya van...Mmm—Él niño dejó de comer para contar con los dedos, como le enseñaron en la escuela. Van ochenta y dos horas, desde que no veo a Nuggets—Las matemáticas no eran su fuerte.

—Son cuarenta y ocho horas—Le corrigió.

—Como sea—Él niño rodó los ojos, Anne le daba la razón a su azabache, a veces Sprig se parecía tanto a ella que daba miedo—.El punto, es que no la veo hace muchísimas horas, seguro ella me extraña—Dijo completamente seguro.

¿Lo peor de todo? Anne sabía que su hermano tenía razón, Marcy vivía preguntando por el pequeño niño y jugando con él, cada vez que podía.

—Nah, no creo—Bromeó, le mostró la lengua a un Sprig con el ceño fruncido—.Me extraña más a mí—Aseguró.

—¡Mentira! Tú eres fea, yo soy lindo, claro que me extraña más a mí—Movió la mano, como si Anne fuera interior. 

Leif observaba a sus dos hijos, sonriendo, mientras colocaba más sándwiches en el plato de su esposo. Se dieron una mirada dulce, al parecer hoy alguien no dormiría en el sofá.

—¿Fea? ¿Yo?—Anne colocó una mano en su pecho, riendo con gracia—.Soy increíble, tus celos me dan ternura—Apretó las mejillas de su hermanito, este se revolvió lejos de sus manos.

—¡No estoy celoso!—Comprobado científicamente, estos dos son hermanos y nadie puede negarlo.

—Por favor, todos piensan así—Estaba bromeando, su hermanito indignado era un acto digno de ver. Fue por la cocina, hablándole, mágicamente una manzana estaba en sus manos y le daba un mordisco—.Hasta Marcy, ella piensa que soy hermosa—Sonrió como tonta, recordando que la asiática se encargaba de remarcar lo perfecta que era, cada vez que tenía oportunidad.

Bruno quiso hacer un comentario de padre celoso, bastó una mirada fulminante de Leif, para hacerlo callar. Suficientes experiencias traumáticas con una Boonchuy enojada, para el resto del año. (Además, el sofá no es cómodo)

—¿Nuggets?—Él niño achicó los ojos, confundido, Anne cubrió su boca para no reír.

¡Por Dios, esa reacción fue tan Marcy Wu! Al parecer el pequeño niño era una combinación de ambas, como si fuera su propio hijo, él corazón de Anne se hinchó de felicidad ante la idea.

Rivales - MarcanneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora