Estaba en el salón, eran las 3 de la mañana y no tenía noticias de Carlos. Estaba viendo la tele mientras lloraba, estaba triste por la situación.
Entonces se levantó Ricardo.
-¿Qué haces aquí?¿Dónde Está Carlos?¿Por qué lloras?-. Dijo acercándose a mí y sentándose a mi lado.
-Martina ha vuelto y Carlos ha ido a hablar con ella-. Le dije llorando.
-¿Que qué?¿En serio? Madre mía-. Decía Ricardo restregándose la cara.
-No te preocupes hijastra, Carlos va a dejarla y volverá-.
En ese momento, recibí un mensaje de Carlos.
-Miriam, no voy a ir a casa a dormir, mañana voy y te cuento-.
-Mira Ricardo-. Dije enseñándole el mensaje.
-Mañana saldremos de dudas, Miriam, no te preocupes, ves a dormir-. Me dijo.
Yo no paraba de llorar, entré al cuarto de Carlos y me derrumbaba al pensar los buenos momentos que hemos pasado aquí.
Me fui a mi cama y me acosté, intenté dormir, mañana sería mi último día de vacaciones y estaba siendo un desastre.
Al día siguiente, cuando me levanté, estaba mi madre y Ricardo desayunando, yo me acerqué a ellos.
-Buenos días-. Les dije.
-Buenos días hija-.
-¿Hoy no ha venido Carlos?-. Pregunté.
-No, en media hora viene Carlos, quiere hablar con todos-. Dijo Ricardo.
No me daba buena espina, no me estaba gustando esto, algo olía mal y yo sé que hoy sería uno de los días más amargos de mi vida.
Me fui al salón esperando que viniera Carlos.
Pasó la media hora y se escuchó la puerta abrirse.
-Hola, hijo ¿qué ocurre?-. Escuché decir a Ricardo.
Me levanté del sofá y fui a recibirlo. Carlos me miró fijamente, tenía ojeras y los ojos rojos.
-¿Estás bien, Carlos?-. Pregunté.
En ese momento, Carlos rompió a llorar, su padre y yo lo acompañamos al salón a que se sentara, mi madre le trajo un vaso de agua.
-¿Vas a contarnos que pasa?-. Preguntó Ricardo.
Carlos apoyó su cabeza en sus manos y estaba realmente mal.
-Martina vino ayer antes, quería decirme que está embarazada-.
En ese momento yo me quedé sin habla y Ricardo lo primero que hizo fue mirarme.
-¿Qué estás diciendo, hijo?-. Dijo Ricardo anodadado.
Mi madre también se quedó sin palabras.
-No sé cómo ha pasado, papá siempre hemos usado protección y aparte se tomaba las pastillas, ya no quería estar con ella, no soy feliz con Martina, papá-. Decía Carlos sin parar de llorar.
A mí se me rompía el corazón de verlo así, entonces le abracé.
-¿Me dejáis a solas con mi hermano, por favor? Somos un gran apoyo el uno en el otro-. Les dije.
Ricardo y mi madre se fueron a la cocina y cerraron la puerta.
-Lo siento, Miriam, yo no quería esto, quería estar contigo-. Me decía Carlos llorando.
-Eh, Carlos, tranquilo, no pasa nada, mírame-. Le dije levantándole la mirada a mi altura.
-Vas a ser un padre estupendo, no te preocupes por mí, seré la tía consentidora ¿Vale?-. Le decía yo también llorando.
ESTÁS LEYENDO
Te odio hermanito
Roman d'amourMiriam era una chica de 25 años, vivía en Madrid con su madre, una mujer viuda desde hace 8 años. Miriam tenía trabajo, era azafata del teatro Lope de Vega desde hace 5 años, aún no quería independizarse de su casa, tenía novio, Marcos, se querían m...
