1.

698 21 4
                                        

Siempre se había creído una mujer feliz, pero también sabía que era conformista. Amaba a Cipriano y había estado enamorada de él desde los 18 años. Pero tampoco conocía otra cosa.

Harry siempre se había burlado de ello y, por supuesto, Rebekah se había enfadado. Sin embargo, algo muy profundamente dentro de ella sabía que era la realidad, no solamente una estupidez que el castaño decía para molestar a su mejor amigo cada vez que tenía la oportunidad.

Durante la adolescencia había conocido a Cipriano y, aunque desde un comienzo sus ojos se habían fijado en él, el morocho había sido quien había hecho la primera jugada y no había necesitado mucho tiempo para crear sentimientos en ella.

Él había sido su primera vez y sería la última, lo supo en el momento en el que su anillo de compromiso brilló en su dedo al cumplir los 20 años y lo confirmó cuando, después de un año, habían consolidado el matrimonio. Ahora llevaban tres años casados y, aunque amaba a Cipriano, sentía que su vida era aburrida.

Para otras mujeres, su posición sería privilegiada. ¿Quién podría negarlo? Ella lo había pensado los primeros dos años de matrimonio. Sin embargo, con el cuarto llegando y sus 25 años respirándole en la nuca, haciéndole ver en perspectiva toda su vida, tampoco podían culparla por sentir que todo había sido demasiado... plano.

No tenían hijos y, aunque había estudiado una carrera, él se había empecinado en ser el proveedor de la familia. Por supuesto, no podía quejarse. Cipriano tenía un exitoso puesto en la compañía de Harry y jamás le había faltado absolutamente nada. Vivía en lujos y cómodamente. Pero aquello también habría resultado contraproducente, sobre todo cuando el estar rodeada de cocineros, jardineros y amas de llaves no le dejaban muchas tareas para hacer.

Siempre estaba comprando bolsos y más ropa, con el propósito de ser la excelente esposa de Cipriano, apoyarlo y acompañarlo a todas las responsabilidades sociales que él tenía, como esta: la fiesta de fin de año de Styles Int.

Normalmente tendría el vestido semanas antes y estaría buscando un traje para su esposo, esperando que ambos fueran perfectamente combinados. Sin embargo, esta vez la fatiga de la rutina la había llevado a buscar un vestido unos días antes, y aquello no tendría ningún tipo de problema, si no fuera porque Cipriano había notado eso y no dejaba de fastidiar con la falta del dichoso vestido.

Así que allí estaba, Rebekah, caminando por el centro comercial con gafas oscuras y un humor tan pésimo que ni todo el té verde de Londres lograría sacarle.

Entró a la quinta tienda y, esta vez, los lujosos letreros de neón de "Dolce & Gabbana" la atrajeron. Siempre se había quedado con Chanel, Armani y Dior, siendo la mujer clásica y minimalista que siempre le habían pedido que fuera, de forma silenciosa e indirecta, por supuesto. Pero esta vez necesitaba un ligero brillo extra que le trajera algo de emoción a su vida, incluso si fuera a través de algo tan superficial como un vestido.

Al final de cuentas, era todo lo que tenía: su hermoso guardarropa de millones de dólares.

El vestido que se llevó era negro, siendo ese casi el color predilecto de su vestidor. Sin embargo, la transparencia del vestido le permitía ver perfectamente sus piernas, sus curvas y el nacimiento de su generoso busto. La gasa del vestido se unía en un hermoso y sensual moño en su nuca y caía en un profundo escote en V, que se perdía en el body negro que ocultaba su desnudez. Era un diseño elegante, pero sensual, a diferencia de los cortes clásicos y de "mujer adorno" que solía utilizar.

La tela era suave y la hacía sentir sensual, como hacía años no lo hacía. Caía en sus curvas, dándole vida a sus atributos escondidos, y alzaba sus hermosos ojos azules de la forma que no veía hacía años. Le costó reconocerse, sin embargo, allí estaba, en el fondo, escondida con toda la personalidad que había aplastado para poder ser la brillante esposa de un exitoso empresario de Gran Bretaña.

Se subió a un taxi, carente de su propia licencia de conducir, y fue hasta la casa, mirando la hora en su reloj de muñeca y esperando que no hubiera tardado más de la cuenta y que Cipriano se encontrara en casa antes que ella.

Miró a través de la ventana durante todo el viaje, analizando las casas elegantes y las increíbles construcciones que se levantaban en Londres, y, aunque en otro momento aquellos lugares le hubieran parecido extravagantes, no era más que su vecindario y el de su esposo.

Abrió la puerta de la mansión y saludó a la mujer que estaba preparando un ramo de flores en el jarrón de bienvenida de la casa. No tardó en llegar una asistente, que se hizo cargo de sus bolsos y su abrigo, dejando a la mujer sin nada más que hacer que preparar el té de la tarde para compartir con su aburrido esposo.

Sus tacones resonaron en el suelo mientras caminaba por el pulcro salón y, al llegar a la cocina, puso la tetera, mirando una vez más, y con impaciencia, el hermoso reloj de oro rosado que su esposo le había regalado en su segundo aniversario. Suspiró y sintió el sonido suave de la tetera, por lo que la sacó y preparó dos tazas de té, sacando las masas finas que había llevado de la pastelería favorita de Cipriano y escuchando el sonido del automóvil estacionarse.

Como todos los días, en el mismo horario y con la misma rutina, Rebekah y Cipriano tomaron el té en un silencio largo como incómodo.


illicit affairs | Harry StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora