Había algo en el cerebro de Rebekah que se apagaba con los labios de Harry y algo, en alguna parte de su cuerpo, que se encendía, también con ellos.
No estaba segura de qué parte era específicamente, porque podía sentirlo en todas partes, chisporroteando.
El carbón en su corazón había comenzado a encenderse, y algunas débiles llamas bailaban en su interior, recordándole que estaba viva. Era una extraña y gratificante sensación. Le hacía cosquillas por todo el cuerpo con pequeñas chispas en sus dedos y terminaciones nerviosas, insinuando que estaba a punto de arder y quemarse.
Había sido ingenua al pensar que los besos se terminarían en la habitación del hotel o en la intimidad del auto.
No, no había sido así, y tampoco podía decir que se sentía defraudada. Al contrario, deseaba que no se terminara, incluso cuando la culpa estuviera allí, en lo profundo; el creciente fuego era más persistente.
Estaba siendo infiel a Cipriano. Era algo que se sentía en su cabeza, pero algo que se sentía tan bien no podía ser pecaminoso, no podía ser incorrecto. Además, solo eran besos. Besos. No había nada más. Incluso cuando sus nervios se estrujaban y su cuerpo le pedía que fueran al siguiente escalón, ambos conocían perfectamente los límites de las reglas del juego que estaban jugando.
— ¿Qué haremos, ya que no tenemos reuniones hoy ni mañana? —preguntó la castaña, mientras él estaba recostado en la cama de la habitación de la mujer.
La miró a través del reflejo del espejo, colocándose un vestido blanco suelto y ligero, pero elegante. Todas sus joyas eran doradas y su cabello estaba recogido en un moño que dejaba al descubierto su elegante cuello y su nuca, donde existía aquel espacio suave que a Harry le encantaba besar.
No es que lo hubiera recogido por ello, pero digamos que ayudaba al propósito.
Sus ojos azules brillaban debido al carmín cereza que había decidido usar, y Harry se preguntaba cuánto tiempo duraría, mientras observaba cómo ella pasaba aquel brillante arete por su oreja. Él lo reconoció, se lo regaló en su último cumpleaños.
— ¿Harry? —ella lo llamó, una vez más, y encontró sus ojos a través del reflejo. Él deseaba retirar aquellos mechones que caían como cascadas en su rostro, porque no le permitían ver sus facciones.
— Lo siento, me distraje —respondió, levantándose y acomodándose la camisa blanca que usaba, caminando hacia ella y dejando sus manos en su estrecha cintura, mientras apoyaba su barbilla en lo alto de su coronilla. —Es una sorpresa, pero debo decir que luces hermosa. Ahora tengo que decidir si llevarte o mantenerte en esta habitación —las últimas palabras de Harry se ahogaron en el cuello de la mujer.
Ella cerró los ojos y fantaseó. La nariz del hombre recorrió todo el terreno despejado para él. Su aroma a flores, cereza y pimienta lo volvía loco. Siempre lo había hecho, pero ahora podía reconocerlo.
— Sabes que no... —ella dejó aquella línea en el aire, pero no necesitó continuar. Los ojos verdes de él la encontraron en el camino y una sonrisa la silenció.
Él era un caballero. Ojalá no lo fuera.
— ¿Estás lista? —preguntó, dejando un beso en su hombro descubierto y acomodando la tira que estaba allí en forma de lazo.
— Lo estaría si supiera dónde vamos —ella giró y se atrevió a tomar las solapas de su camisa, tirándolo hacia abajo al tiempo que alzaba sus pies en puntas y alcanzaba su boca.
Él aún la sostenía de la cintura, pero ahora sus brazos se deslizaron fuertes y posesivos por allí, atrayéndola hacia él. A ella le era inevitable no sonreír en sus labios, y entonces él la saboreó con su lengua.
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illicit affairs | Harry Styles
FanfictionNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
