Harry y Rebekah tuvieron que asistir esa misma tarde a una reunión tan pesada que incluso los empresarios que representaban a Nike parecían querer cerrar las carpetas e ir a descansar.
Tener una empresa de poco más de cinco años no era fácil. Muchos creían que aún les faltaba mucho proceso de maduración, experiencia y respaldo. Sin embargo, Harry había levantado aquella empresa desde sus cimientos y no había un solo día en que no hubiera crecido, sobre todo cuando el marketing estaba a la orden del día.
Como empresario, podría haberse involucrado en otro rubro, sin embargo, siempre le había gustado su parte más creativa, la cual lo había hecho no solamente involucrarse en el marketing, sino también tomar los primeros trabajos en manos propias, lo que garantizó el éxito y el aumento sin freno de la compañía. Ahora eran una de las empresas más importantes, no solo del país, sino también del mundo, y lo habían logrado en muy poco tiempo.
Esa seguridad y ese respaldo eran suficientes para que pudiera cerrar aquel contrato. Además, sus últimos clientes eran de categoría tan alta que comenzaban a aumentar el prestigio de su compañía, lo que, obviamente, era beneficioso. Todo parecía estar encaminado hacia la dirección correcta.
Harry invitó a Rebekah a cenar luego de aquella interminable reunión, por lo que ambos subieron a sus habitaciones para cambiarse. Al principio, dudó cuando vio en su valija aquel hermoso vestido celeste que había escogido. No pudo evitar pensar en lo que él pensaría al verla con eso puesto. Pero estaba mal, estaba mal de muchísimas formas. No debía pensar en eso. No debía pensar en él de esa manera. Debía empujar aquellos pensamientos y dejarlos enterrados en el fondo de la valija.
Se miró al espejo y suspiró. Podría cambiarse, claro. Pero por algo que no fuera específicamente para él. Se quitó su traje de secretaria y tomó aquel vestido negro de tiras y escote cuadrado, el cual llegaba solo un poco debajo de su rodilla, haciéndola ver elegante y sexy. Soltó su cabello castaño y, entonces, miró aquel labial carmín.
Parecía que todos sus problemas habían comenzado desde el primer momento en que lo usó, pero ahora no podía dejar de hacerlo.
Aquel color y aquel momento en su vida parecían haber marcado un antes y un después. Era eso o el inicio del año nuevo. Fuera cual fuera la respuesta, Rebekah se enfundó en su vestido y se delineó la boca con aquel color cereza oscuro, resaltando sus ojos marinos.
Bajó por el ascensor y, entonces, vio la espalda definida del mejor amigo de su esposo. Aquel pensamiento la trajo un poco a la vida, haciendo que tomara su teléfono y escribiera rápidamente, antes de dirigirse hacia su compañero.
No había hablado con Cipriano desde la mañana, y quizá él estaba preocupado. Aunque no había recibido un solo mensaje de su parte, al menos ella tendría la solidaridad de hablarle, incluso cuando su muñeca dolía aún por la presión que él le había ejercido al intentar controlarla.
Control.
Nunca había sido buena para eso. Ni siquiera cuando él intentaba hacerlo en la cama. Había tenido que trabajar muchísimo en adiestrarse. Cipriano era del tipo adoctrinado y ella del tipo rebelde, pero había aprendido a ser una esposa silenciosa y sumisa, como con el resto de su vida.
Tocó con dos dedos el hombro de su amigo y, entonces, él se dio vuelta. Por un momento, ambos retrocedieron unos meses y, de repente, parecían haberse trasladado hacia la cena de Navidad, porque Rebekah estaba deslumbrante y él quería quitarle ese color de los labios con todas las fuerzas de su alma.
— Bekah... —, él pareció relamerse con sus ojos. Ella lo notó, sin embargo no se avergonzó, aquello tuvo el mismo efecto que esa noche: elevar su autoestima. Solo que esta vez no estaba el estúpido de su esposo para pisotearlo. — Bekah, te ves increíble. Eres la mujer más hermosa que he visto.
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illicit affairs | Harry Styles
FanfictionNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
