FUGAZ

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POV: APRIL

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POV: APRIL

El aroma inconfundible de mi perfume invadió mi sentido del olfato, olía a mi, a sexo y a otra fragancia masculina que se sobreponia a las anteriores. Mis ojos se abrieron de par en par buscando identificar el lugar en el que yacia en una cama, con solo una sábana que cubría parte de mi muslo derecho, dejando todo mi torso al aire.

«¿Pero qué demonios hice?»

—¿Qué tal estás? —indagó en un susurró, su voz era suave mientras acariciaba mi espalda.

—Bien, ¿y tú? —contesté con los ojos cerrados disfrutando de la deliciosa sensación de sus dedos deslizandose por mi piel.

—Complacido, pero deseoso de más. —me contraje, mi cuerpo parecía estar en perfecta sincronía con él. —Me gusta lo sedosa que es tu piel. —sonreí, me volteé quedando frente a él y lo besé...

Esta vez fue un beso dulce y profundo, lo saboreé sin prisa. Inhalé su fresco aliento mentolado y la suavidad de sus experimentados labios. Nos separamos obligados por la falta de aire.

—¿Te gustaría algo de tomar?, estoy sediento —se levantó, brindándome la vista más perfecta de su escultural cuerpo.

Volteó a mirarme al notar que no respondía, estaba embobada apreciando los musculos definidos de su espalda ancha y ese lindo trasero, él sonrió y me guiñó un ojo.

—¿Apreciando la vista?

«Tragame tierra...» pasé del rojo al purpura de la vergüenza.

—Ahora que lo mencionas, siento que muero de hambre. —musité desviando la vista, y él solo esbozó una deslumbrante sonrisa porque me pilló mirándolo.

Sacó unos boxers blancos de la cómoda que estaba frente a la cama y se los colocó.

—De acuerdo. Llamaré para que envíen los waffles mientras te preparo una bebida.

Me senté en la cama buscando algo de mi ropa, hallé solo la ropa interior y
recordé que ambos nos desvestimos en la estancia.

Perfecto ahora tendría que ir desnuda hasta allí en busca de ella, aunque por supuesto mis inseguridades no eran validas dado que ya Ethan me había visto desnuda.

«Bueno, mucho más que solo ver, en realidad»

—El baño esta justo allí por si necesitas ir. —señaló a mi izquierda. —Te veo afuera, preciosa. —se despidió con una sonrisa ladeada que podía provocar un infarto a cualquiera que la viese.

Cuando cerró la puerta y estuvo fuera de la habitación, ya sin su presencia turbadora tuve un leve momento de lucidez ¡Por Dios! Me había acostado con un hombre del cuál no sabía más que su nombre, y bueno también sabía que él me volvía loca, pero la verdad es que comencé a sentir miedo de lo que podría estar pensando de mi justo ahora.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora