FUGAZ

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POV: APRIL

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POV: APRIL

El aroma inconfundible de mi perfume invadió mis cosas nasales. Olía a mi, a sexo y a otra fragancia masculina, densa y costosa, que se sobreponia a todo lo demás. Mis ojos se abrieron de par en par buscando identificar el lugar. Yacia en una cama inmensa de dosel, con una fina sábana de hilo que apenas cubría mi muslo derecho, dejando todo mi torso desnudo al aire.

Una realidad gélida tensó mi estómago en cuanto la lucidez me cayó como balde de agua fría.

«¿Pero qué demonios hice?»

El sonido de la puerta del baño abriéndose me hizo girar la cabeza. El inescrutable señor Montes de Occa salía de la ducha envuelto en una nube de vapor. El agua aún goteaba por su torso y abdominales mientras se deslizaba unos boxers negros con una calma envidiable. Esperé encontrar una mirada cálida, tal vez un acercamiento. Pero en cambio ese par de zafiros me observaron indescifrables mientras secaba su cabello con una toalla pequeña.

—¿Qué tal estás? —indagó. Su voz ya no era el rugido ronco de hace un rato, ahora me hablaba un sonido lejano, frío y carente de emoción.

—Bien —contesté, carraspeando para aclarar mi garganta seca. Me incorporé un poco, tirando de la sabana para cubrirme los senos. Su repentina sobriedad hizo que mi desnudez se sintiera incorrecta—. ¿Y tú?

—Fue un buen inicio del día —sus labios se curvaron en una sonrisa ligera, casi burlona.

Dejó la toalla a un lado. Se movía por el espacio como si lo hubiera hecho antes tantas veces.

—Llamaré para que suban la comida —dijo, dándome la espalda mientras tomaba su teléfono—. Te serviré algo de tomar. Ya sabes dónde está el baño si lo necesitas.

—Gracias —musité, tragándome de inmediato la punzada de desilusión que quiso apoderarse de mi.

—Te veo afuera, April —cruzó el umbral y cerró la puerta abandonando la habitación.

En cuanto quedé sola, el silencio se volvió asfixiante. Me senté en el borde del colchón y me hundí en una lucha interna. El subidón del deseo se evaporó, dejándome con una realidad cruda y vergonzosa: me acosté con un hombre del que no sabía absolutamente nada. Después de cinco años en los que no me había sentido atraída por nadie. Le entregué mi cuerpo en un sofá y una cama de hotel a un completo desconocido que ahora me trataba como si no hubo un acto íntimo entre ambos.

La vergüenza comenzó a arañarme el pecho. ¿Qué debe estar pensando de mí? Una mujer con un hijo, entregada a la primera cita... Pero aún peor:¿Qué estoy pensando yo de mi misma?

No, no, no. April, no te atosigues con eso ahora —me ordené en voz alta. No iba a perder los estribos con Don perfecto afuera.

Cuando entré al baño, el espejo de cuerpo completo me devolvió mi reflejo. Me evalué por unos segundos; el cabello desordenado, los labios ligeramente hinchados, y la piel sonrosada en los lugares exactos donde las manos y labios de ese hombre hicieron presión. Abrí el grifo y arrojé un poco de agua fría en mi rostro, intenté fijar una línea divisoria en mi mente desde ya. Tuve sexo. Sí, solo eso. Sexo alucinante y necesario, pero solo sexo. No romance. No amor. No mezclar las cosas, April. Tenía que repetirlo las veces necesarias antes de caer en alguna absurda ilusión.

TERCER ENCUENTRO. (LIBRO I)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora